<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395</id><updated>2011-07-08T14:31:24.444+02:00</updated><title type='text'>Isla Eea</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>39</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-676855264948257263</id><published>2010-02-14T21:36:00.001+01:00</published><updated>2010-02-14T21:36:27.209+01:00</updated><title type='text'>La divina Circe</title><content type='html'>&lt;p&gt;Tiempo hace ya que el astuto Odiseo abandonó estas tierras. Llegó a esta isla cruzando el mar en su negro navío, con la mitad de la tripulación perdida entre los embites del mar y los peligros de la tierra.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Su llegada fue anunciada por un ciervo de altas cornamentas, al que dio muerte Odiseo ensaetándolo con su lanza de cobre; así el ciervo, con un último mugido que alertó a toda la isla, murió. Con él alimentó a su tripulación, bebiendo vino y comiendo las entrañas del ilustre ciervo.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;La Aurora los descubrió durmiendo en la orilla y los despertó. Se dividieron en dos grupos de hombres, uno liderado por Euríloco, otro por Odiseo; así Euríloco, con otros 22 compañeros, atravesaron los lindes del bosque y se internaron en él. Divisaron pronto el humo rojizo de mi morada, y hacia aquí se dirigieron.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Ya en la entrada, asustaron a los leones y a los lobos montaraces que la custodiaban. Me vieron en el interior y me llamaron a gritos, interrumpiendo mis dulces cantos y mi costura. Los invité a entrar, a pesar de sus ropas harapientas y sus ajados rostros, y les ofrecí la mesa dispuesta de exquisitos manjares. Sólo un hombre rehusó mi ofrecimiento, temiendo que sus compañeros, en su inconsciencia, hubieran aceptado una trampa. Se sentaron y mis sirvientas les dispusieron escabeles bajo los pies; los hombres, comportándose como terribles cerdos hambrientos, nada agradecieron. Tras el suculento banquete, les ofrecí una bebidas en copas áureas y las bebieron ávidamente, sin preguntarse cuál podía ser su contenido, tan seguros se sentían en la morada de una mujer que tenía tan sólo la ayuda de cuatro sirvientas. Saqué mi varita de la manga y sin ningún arrepentimiento convertí su apariencia en aquello que ya habían demostrado ser, aunque su mente permaneció intacta. Todo esto vio el hombre que había rechazado mi invitación, y huyó corriendo hasta la playa donde aguardaban el resto de sus compañeros. No me preocupó cuáles fueran sus palabras, tan segura estaba de que la negra nave alzaría sus velas huyendo de esta isla y su temible ama.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Odiseo, sin embargo, acudió en rescate de sus perdidos compañeros. No temía su llegada, aún cuando había escuchado toda suerte de hazañas y tretas que engañaban a sus múltiples enemigos. Llegó hasta mi morada, me llamó a gritos y acudí a su llamada. Le invité a entrar y le ofrecí mis manjares; Odiseo comió ávidamente, aunque su astuta mirada seguía todos mis movimientos. Para terminar la cena, le obsequié con bebida en una copa de plata que Odiseo tragó; mas cuando alcé la varita y pronuncié mi sortilegio, ningún cambio se hizo notar en él. “¡Vete a la pocilga y túmbate junto a tus compañeros!”, repetí sin cesar. Pero el hábil Odiseo desenvainó su larga espada y me amenazó de muerte con ella. Invadida por el temor ante aquel extraordinario hombre, me arrodillé a sus pies y le agarré las rodillas.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;“¿Quién eres tú entre los humanos que no sucumbes a mis maleficios? Pues ninguno hasta ahora ha podido resistirse a mis hechizos y sin embargo tu ánimo se mantiene inalterado en tu pecho. ¿Acaso eres Odiseo, el de múltiples tretas, que me profetizó el Argifonte una y otra vez, que llegaría en una negra nave al volver de Troya? Envaina tu espada ahora y ven a acostarte en mi lecho para que en el amor podamos confiar mutuamente.”&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;“¡Ah! ¿Cómo voy a confiar en ti, tú que has convertido en cerdos a mis compañeros y que con tus artimañas quieres me acueste en tu lecho para que, desarmado, puedas dejarme tarado e impotente? No me meteré en tu cama hasta que no jures con firmeza que no intentarás ningún otro maleficio contra mí.”&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Así lo juré y Odiseo me siguió hasta el lecho. Allí, ante mis preguntas, Odiseo me relató sus aventuras de regreso a su patria.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;“¡Ah, pérfida! ¿De verdad quieres saber el destino que los dioses han trazado para mí? Muchos son los pesares que me han acontecido, y aún no he logrado ver el final; perdí muchos compañeros buenos y queridos en el viaje de regreso a nuestra patria, la gloriosa Ítaca y esperemos que los dioses hayan terminado de jugar con nuestro destino.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Cuando salimos de Ilión, el viento nos arrastró hasta la tierra de los cícones, en Ismaro. Saqueé la ciudad y di orden de partir enseguida, pero mis hombres no me obedecieron. Bebieron vino en la orilla y al final los cícones que habían conseguido huir llamaron a gritos a otros cícones vecinos, y todos juntos vinieron a presentarnos batalla. Murieron valientes compañeros, y los demás logramos escapar a la muerte y al destino.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;De nuevo el viento nos guió, pero cuando parecía que ya iba a llegar por fin a mi amada tierra, los vientos se enfurecieron y nos alejaron de la costa; navegamos por el mar rica en peces durante 9 días, al décimo llegamos a la tierra de los lotófagos. Los habitantes del país dieron a probar a mis hombres aquella planta de la que se alimentaban, flor de loto. ¡Pobres desgraciados! Pues al instante olvidaron todo sobre su regreso y su amor a su patria, y decidieron quedarse en la isla y seguir nutriéndose con la flor de loto. Tuve que arrastrarlos hasta el barco y amarrarlos al fondo de los bancos, desoyendo sus súplicas y sus lágrimas, y nos alejamos de aquel país de lotófagos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Llegamos poco después a la isla de los cíclopes, que ni plantan ni trabajan la tierra con sus manos. Nos quedamos prudentemente en la orilla, y cuando despuntó la Aurora de rizada melena me decidí a averiguar a qué tierra habíamos llegado y cómo eran sus habitantes. Encontré a un enorme monstruo de un sólo ojo que custodiaba su rebaño dentro de una enorme cueva; cuando sacó a su rebaño, nos refugiamos en la cueva y comimos queso hasta que llegó el ganado. El monstruo cerró la cueva con un gran peñasco, que no hubieran movido ni veintidós carros robustos de cuatro ruedas, y nos dejó allí encerrados. Le hablé y se presentó como Polifemo, hijo de Poseidón; al descubrir a mis compañeros, agarró a dos con sus grandes manos y los despedazó poco a poco, entre sus gritos y nuestras súplicas, y se los comió. Ante aquella crueldad, mis ojos se posaron sobre un tronco de olivo que se encontraba junto a la entrada, y comencé a imaginarme introduciendo aquel tronco ardiendo en su único ojo. Así mis compañeros y yo dejamos ciego al enorme y cruel cíclope; comenzó a gritar de agonía y al preguntar quién le había dejado ciego, le dije que me llamaba Nadie; pero aún seguíamos encerradas en su cueva. Me fijé entonces en el rebaño, y entretejí su sedosa lana en grupos de tres ovejas, de modo que mis compañeros se ocultaban bajo la lana del lomo de la oveja del medio. Yo me oculté en la última, agarrándome fuertemente a su lomo.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Así el gigante dejó salir a su rebaño, palpando bien los costados de sus carneros para que ninguno de nosotros pudiera huir entre ellos, me solté y acudí a rescatar a mis compañeros. Fue entonces cuando el necio cíclope se dio cuenta del ardid y llamó a sus vecinos, asegurándoles que Nadie le había dejado ciego y Nadie había dejado escapar su rebaño; ellos, ante estas afirmaciones, no pudieron hacer más que dejarlo solo.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Sin embargo, cuando ya nuestra negra nave se alejaba de la costa, seguíamos oyendo los gritos del cruel Polifemo y, envalentonado, le grité mi nombre, para que pudiera decirle a todo el mundo quien le había infligido aquellas heridas. El cíclope, entonces, llamó a su padre y le imploró venganza.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Nuestra nave consiguió llegar hasta las costas de isla Eolia, donde Eolo y sus hijos nos ofrecieron hospedaje. Al conocer nuestras desventuras, nos ofreció un odre de buey de 9 años, de modo que al partir de nuevo la negra nave, el viento soplaba a nuestro favor; pero mis compañeros, queriendo ver los hermosos presentes que el dios me había regalado de regreso a mi patria, abrieron el odre y así los vientos se desataron, provocando un huracán que sacudió la nave y la llevó de vuelta a la isla Eolia. Aunque rogué de nuevo al dios para que nos ayudara en nuestro regreso, Eolo nos expulsó de su casa y de su isla, temeroso de provocar la ira de los dioses que amenazaban mi vuelta a Ítaca.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;El mar y el viento nos llevaron hasta la escarpada Ciudadela de Lamos, a Telépilo de Lestrigonia, donde los habitantes nos dijeron que el rey se debía hallar en la casa de altos techos. Mandé a unos compañeros a la casa, pero al llegar vieron a una mujer alta como una montaña, que enseguida llamó a su marido Antífates; entre ellos y otros lestrígones se zamparon a varios hombres y estrellaron rocas contra las naves. Salimos huyendo de aquella isla maldita y quisieron los vientos y los dioses, por desgracia o por ventura, que mi siguiente destino fuera esta isla, Eea, siendo su dueña Circe, la terribe diosa de voz humana, de trenzados cabellos, la famosa hermana del despiadado Eetes.”&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Viendo descubierto mi nombre, admiré aún más a aquel valiente Odiseo, el de las muchas tretas, que había burlado a la muerte en tantas ocasiones.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Al día siguiente le ofrecí mis más exquisitos alimentos, pero el astuto Odiseo no probaba bocado. &lt;/p&gt;  &lt;p&gt;“¿Por qué no pruebas la comida, Odiseo? ¿Acaso temes que haya dispuesto otro maleficio entre tus manjares? Nada debes temer ya, pues te aseguré con un firme juramento que no volvería a utilizar mis hechizos contra ti.”&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;El prudente Odiseo me respondió entonces que le era difícil probar bocado cuando sus compañeros seguían encerrados en las pocilgas, padeciendo como cerdos. Sin esperar más respuesta me fui a las pocilgas, y allí unté a los cerdos con un ungüento que les hizo perder los pelos, los rabos y las orejas, devolviéndoles su apariencia humana, pero más limpios, jóvenes y robustos de lo que antes eran. No agradecieron mucho mi perdón, aunque desde entonces fueron más temerosos y precavidos con mi magia.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Odiseo ordenó recoger a los tripulantes que aún aguardaban en el negro navío, y todos juntos celebraron su reencuentro con mis bebidas y mis alimentos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Tuve ocasión de admirar a Odiseo largo tiempo; sus ropajes ajados fueron cambiados por otros más lustrosos, su melena creció y su atenta mirada se anticipaba a los hechos y las palabras. Mi devoción creció, pero aunque le propuse quedarse como rey, rehusó, tan ansioso estaba de volver a su patria y a su paciente esposa. Le ofrecí mi tierra, mi casa y mi lecho, mas sabía que su estancia sería corta y esperaba temerosa que su impaciencia le persuadiera de continuar su regreso.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Así pasaron los meses y las estaciones, y cuando había pasado un año y los días volvieron a ser largos, los hombres convencieron sin mucho esfuerzo a Odiseo de regresar a su patria.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;“Circe, cumple la promesa que hiciste antaño de devolverme a mi hogar”.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Habiendo esperado aquel día, estaba preparada y así le dije:&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;“Divino hijo de Laertes, muy mañoso Odiseo, tiempo es ya de que regreses; sin embargo, antes de volver a Ítaca, tendrás que encontrar al adivino Tiresio en la tierra de Hades, pues él te guiará en tu regreso”&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Odiseo, horrorizado, lloró.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;“¿Cómo cruzaré yo esas tierras de las que ningún mortal vivo ha vuelto?”&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Y le expliqué lo que debía hacer.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Así marchó Odiseo en su negra nave, llegando hasta el Hades donde habló con Tiresio y con otras almas que encontró, que le guiaron en la ruta que debía seguir a partir de ese momento. Aún volvió por la isla Odiseo, para enterrar a un compañero que había muerto al caer desde el tejado; sin embargo, también se despidió de mí, y agradecida le relaté los peligros que su nave encontraría, y cuál era la mejor manera de atravesarlos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Y esa fue la última vez que vi al valiente hijo de Laertes, el muy mañoso Odiseo, de muchas tretas, zarpando en su negra nave hacia su destino. Hasta mí han llegado sus noticias, de cómo se salvó del canto de las Sirenas y de ser devorado por Escila gracias a mis buenos consejos; de cómo llegó hasta la isla de la diosa Calipso, quien le ofreció la inmortalidad a cambio de su amor y consiguió retenerlo aún más que yo, durante siete años, hasta que el Padre de los hombres la obligó a ayudarlo a llegar por fin a su ansiada patria. Aún tuvieron que participar los feacios en su regreso, cuando su nave fue atravesado por un rayo de Zeus. &lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Y así pasaron veinte años desde la guerra de Ilión hasta el regreso del rey Odiseo a Ítaca; veinte años de los cuales sólo retuve uno, que valió como toda una vida.&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-676855264948257263?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/676855264948257263/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=676855264948257263' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/676855264948257263'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/676855264948257263'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2010/02/la-divina-circe.html' title='La divina Circe'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-8596752851639518088</id><published>2010-01-02T20:12:00.001+01:00</published><updated>2010-01-02T20:12:46.377+01:00</updated><title type='text'>La última tarde</title><content type='html'>&lt;p&gt;Julián se hundió un poco más en su asiento. Sus aspecto denotaba una gran inquietud interior; se mesaba el pelo contínuamente con los dedos crispados de la mano derecha y, a veces, parecía pretender arrancarse algún mechón de cabello; la mano izquierda intentaba controlar los movimientos espasmódicos que afectaban a su pierna. Sus labios se contraían casi rítmicamente y un ligero temblor recorría su cuerpo de vez en cuando, arrugando sus ropas todavía más de lo que estaban. Desde mi posición era fácil verlo, aunque el resto de las personas que se encontraban en la sala no parecían percibirlo con la misma claridad que yo.   &lt;br /&gt;Recordé la primera vez que había visto a Elisabeth: Su hermoso pelo con bucles de fuego, sus ojos glaucos y alegres, su sonrisa espontánea que enseñaba todos los dientes; su forma de guiñar los ojos cuando reía a carcajadas, sus manos seductoras ahuecando su cabello. Poco importó que fuera la novia de su hermano; Julián se la arrebató con una estrategia propia de un rey David: trasladó a su hermano a una vacante del extranjero con la excusa de un trabajo mejor remunerado y de mayor prestigio. Elisabeth no quiso acompañarle. A los pocos meses y a base de persistencia, Julián logró su victoria: la convenció para enamorarse de él.    &lt;br /&gt;Pero el amor se desvaneció tan rápido como una ráfaga de viento, aunque sólo por parte de Julián. Y él la castigó por ello.    &lt;br /&gt;- ¿Cómo se declara el acusado?    &lt;br /&gt;- Inocente, Señoría.    &lt;br /&gt;Sí, ahora proclama su inocencia, pero tenían que haberle visto en años anteriores. El fuego del cabello de Elisabeth se apagó y sus ojos parecieron tornarse más oscuros, sumidos siempre en la tristeza y buscando una forma de olvido.    &lt;br /&gt;Yo la acompañaba entonces. Sobre la mesa o sobre sus manos, sus lágrimas me bañaban y pulían el acero de mis vértebras, se colaban por entre las rendijas y me inundaban de nostalgia, de desolación y unas gotas de rabia. Me sentía avergonzada de pertenecer a un hombre de tan baja calaña. Cuando sentía que llegaba la hora de la vuelta de Julián, ahogaba sus lágrimas y me devolvía al cajón del escritorio.    &lt;br /&gt;No siempre había sido ésa mi morada. Antes, cuando pertenecía al padre de Julián, me custodiaba en su caja fuerte, como si fuera una reliquia; y es que mi nombre sabe a historia y es el deseo de los coleccionistas. Javier lo sabía, claro está; por eso, todas las noches, abría la caja fuerte y, ofreciéndome un pequeño saludo con sus ojos, me agarraba entre sus manos con delicadeza; me sostenía a la altura de su pecho, me limpiaba con esmero con una pequeña gamuza y me contemplaba con verdadera devoción. ¡Cuántos recuerdos inolvidables! Allá, en la vieja guerra, habíamos sido grandes amigos.    &lt;br /&gt;- ¿Cuáles son las pruebas aportadas?    &lt;br /&gt;- Una Mauser C-96 de 9 mm., Señoría. Una vieja gloria.    &lt;br /&gt;¿Vieja gloria? Soy mucho más que eso. Yo, señor, era el arma predilecta de Winston Churchill; me utilizaron en grandes batallas, apagué la vida de más personas de las que ninguno de ustedes llegará a conocer. Y soy la principal controversia de la acusación planteada contra mi dueño y señor, Julián Reyes.    &lt;br /&gt;- ¿Se han encontrado huellas?    &lt;br /&gt;- Sí, Señoría.    &lt;br /&gt;Sí, señor, claro que se han encontrado huellas. Julián me sostuvo en prolongados momentos, durante la noche, igual que antaño había hecho su padre. ¡Qué diferencia! Las manos de Javier eran delicadas y firmes; las de Julián, ásperas y con una debilidad cruel. Ni siquiera sabía sujetarme, aunque practicó en numerosas ocasiones, emulando a su padre en la última guerra.    &lt;br /&gt;- ¿Y de quién son las huellas?    &lt;br /&gt;- Están las dos, Señoría; las del acusado y también las de la víctima.    &lt;br /&gt;Por supuesto que se encontraron las de los dos, señor. Ninguno de los dos se molestaba en limpiarme, como hacía Javier, con aquella suave gamuza azul que recorría todos mis recovecos y me dejaba reluciente, para que mi resplandor brillara en la oscuridad de la cámara que me custodiaba. Los únicos instantes en que relucía eran aquéllos en los que Elisabeth, con la nostalgia de sus ojos, derramaba sobre mí su interminable tristeza, una y otra vez, cada tarde, con los últimos rayos de sol.    &lt;br /&gt;Me hubiera gustado reconfortarla, pero mi naturaleza me impide sentir compasión por nadie. No siento lástima por ninguna de las personas que ayudé a morir. Al menos ellos saben lo que es la vida y la muerte; yo sólo conoceré el óxido, la herrumbre y el olvido.    &lt;br /&gt;- La defensa alega suicidio.    &lt;br /&gt;- La acusación afirma que el acusado preparó la escena para que pareciera un suicidio.    &lt;br /&gt;- ¿Hay alguna prueba de eso?    &lt;br /&gt;- La declaración de dos testigos que no presenciaron el crimen, pero sí las contínuos gritos de ambos cada vez que peleaban, que era bastante a menudo.    &lt;br /&gt;Qué me va a decir a mí, que lo presencié todo.    &lt;br /&gt;Cuando las manos finas, suaves y temblorosas de Elisabeth me abandonaban en el cajón, Julián aparecía a los pocos minutos. Su voz fluía con hastío al responder a las preguntas de ella y la intensidad de las palabras aumentaba a cada segundo. Aquellas pequeñas batallas solían terminar con un portazo que hacía vibrar hasta el cajón en que yo descansaba.    &lt;br /&gt;El última día, sin embargo, no me guardó en el cajón.    &lt;br /&gt;Julián llegó a la hora acostumbrada. Elisabeth, que aguardaba a un lado de la puerta, le saludó. La tristeza y la rabia se debatían por tener el control, mientras el miedo, silenciosamente, emergía de los ojos de ella y de las manos de él y se convertía en el dueño de la situación. Y allí, entre una debacle de manos confundidas y emociones ambiguas, me encontraba yo.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;No me importa cómo termine este juicio. Probablemente lo declaren inocente, con el pretexto de la ausencia de pruebas irrefutables. A mí me considerarán problemática y dudosa. Pero me es indiferente. Después de haber contemplado tantas muertes, no me derrumbaré por Elisabeth.   &lt;br /&gt;Aunque las llamas de su cabello se confundieran entre mi cuerpo y sus ojos acuosos me contemplaran con pesar; aunque la delicadeza de sus manos me hiciera rememorar tiempos pasados y me hiciera temblar al ritmo de su temor.    &lt;br /&gt;Mi memoria seguirá intacta mientras aguardo en la caja del “caso sin resolver” de Julián, en una estantería destartalada. Muchos policías me contemplarán, deseando resolver mi acertijo. Lucharán contra la tentación, me sostendrán entre sus manos, tal vez firmes como las de Javier, tal vez débiles y crueles como las de Julián; tal vez, trémulas como las de Elisabeth. Se preguntarán qué pasó aquel día y yo les responderé con el silencio: El secreto de aquella tarde se perderá para siempre conmigo. &lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-8596752851639518088?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/8596752851639518088/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=8596752851639518088' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8596752851639518088'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8596752851639518088'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2010/01/la-ultima-tarde.html' title='La última tarde'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-7886699580928212519</id><published>2010-01-02T20:08:00.001+01:00</published><updated>2010-01-02T20:09:02.734+01:00</updated><title type='text'>Isis</title><content type='html'>&lt;p&gt;El despertador roncaba insistentemente recordándome que era hora de ir a trabajar. Pero las mantas pesaban más que nunca sobre mi cuerpo convertido en ovillo y no conseguía zafarme de ellas. Por fin, deslizándome por debajo, conseguí llegar hasta el borde de la cama y me arrojé al suelo. Caí a cuatro patas, sobre las manos y los pies. Y entonces descubrí el pelaje fino y sedoso que había cubierto mis brazos y el dorso de mis manos durante la noche; las uñas se me habían afilado y lucían largas, finas y curvadas. ¿Cómo iba a vestirme ahora? ¡Mis uñas iban a desgarrar todas mis medias!&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Intenté ponerme de pie, pero me resultaba muy difícil. No entendía por qué hasta que, al dar unos pasos, el espejo de la habitación reveló mi perfil. Me acerqué a él, incrédula: una larga cola sinuosa prolongaba mi columna vertebral; la vi moverse de un lado a otro, desafiándome. ¿Cómo iba a esconder aquella cola debajo de la falda?&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Bien mirado, en realidad tampoco hubiera podido ponerme ninguna falda: mi metro sesenta había disminuido hasta los 30 centímetros, por no hablar de aquel lustroso bigote que se había adueñado de mi rostro. Al menos, había conservado mis ojos verdes, aunque el iris se había alargado verticalmente.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Crucé la casa, buscando el teléfono. Tendría que llamar al trabajo y anunciar que estaba enferma, pero, ¿cómo iba a marcar los números con aquellas zarpas? Me tumbé desolada en el sofá del salón. Con un poco de suerte, Miguel llegaría pronto. Él sabría qué hacer, siempre lo solucionaba todo.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Escuché el ascensor antes que sus pasos: mi oído se había aguzado de forma casi infinita. Miguel abrió la puerta y yo me abalancé hacia él.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¿Qué pasa, Isis? -preguntó Miguel-. ¿Tienes hambre?&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Negué con la cabeza, pero no me vio. Me apartó con el pie y atravesó el pasillo. Lo seguí silenciosamente hasta la habitación. Miguel empezó a cambiarse de ropa, ignorándome por completo. Me acerqué y le mordí la pernera, intentando captar su atención.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¡Quita, bicho! -me gritó lanzando patadas al aire. Tuve que retroceder para que no me golpeara la cara. Estaba empezando a enfadarme: el reloj de la habitación marcaba las 9:47. ¡Ya llegaba una hora tarde al trabajo! Decidí que era hora de explicarme, abrí la boca y dije:&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Miau.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Hasta yo me sorprendí. Me quedé petrificada, mientras Miguel me dirigía una mirada furiosa.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¡Isis, sal de aquí de una vez!&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Abandoné la habitación cabizbaja. Empezaba a entender que no había esperanza. Tendría que aguardar; a lo mejor todo era sólo un mal sueño y me despertaba enseguida. Contemplaría mis manos y pies humanos, y la cola y el bigote se habrían desvanecido. Sí, seguro que sí. Lo único que tenía que hacer era cerrar los ojos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Me despertó el sonido estridente del timbre. ¿Quién podría ser a estas horas? Me acerqué a la puerta con cautela, agaché el hocico y olisqueé una fragancia de rosas. Un perfume caro, diagnostiqué. Un perfume de mujer.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Intuí a Miguel antes de que se acercara a la puerta: olía a la colonia que le había regalado por su cumpleaños. Se había acicalado hasta el extremo: el pelo, repeinado hacia atrás con gomina; el traje azul marino de las ocasiones; incluso se había puesto esa sonrisa que raras veces le observaba últimamente. Un rubor extraño le cubría las mejillas.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Abrió la puerta y aquella desconocida entró en mi casa.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Hola, Miguel -le susurró al oído mientras le daba un beso en la comisura de los labios.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Hola, Marta -la saludó efusivamente él. Sus ojos relampagueaban de expectación.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Me interpuse entre los dos, haciendo constar mi presencia.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¡Esta estúpida gata! -exclamó Miguel-. ¡Siempre igual! Un día de éstos la voy a tirar por la ventana.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Marta le obsequió con una risa seductora. Miguel me apartó con un puntapié y supe que ambos me habían olvidado cuando empezaron a besarse. Se besaban con prisa, con urgencia, mientras sus dedos se deslizaban por debajo de las prendas y jugaban a desabrochar los botones. Caminaron uno frente al otro, sin separarse, hasta llegar a la habitación.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Mi instinto me impedía seguirles, pero al final me acerqué hasta el cuarto. No habían desaprovechado los minutos que pasaron hasta que llegué a ellos: Se revolcaban semidesnudos sobre la cama, sobre mi cama; las sábanas que por la mañana tanto me había costado retirar se apartaban suavemente ante sus movimientos rítmicos y, al fin, se desplomaron apáticamente sobre el suelo. Me aparté de un salto para que no me cubrieran.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Me obligué a contemplarlos; el corazón me latía cada vez más fuerte y la sangre palpitaba en mis oídos, pero ninguna lágrima acudió a mis ojos para rescatarme de aquella visión. Perdí el sentido. Noté la presencia del animal surgiendo en algún punto de aquel pequeño cuerpo gris y dejé que fuera él quien dominara aquella situación. Me abandoné a sus instintos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;En un instante, sentí que flotábamos en el aire y nos abatimos sobre su espalda. Yo aparté la vista y cerré los ojos, aunque los del animal continuaron abiertos y observé todo como un espectador pasivo. Sus zarpas se clavaron una y otra vez sobre aquella espalda arqueada y desgarraron su piel en largos jirones; escuché gritos que retumbaron en nuestros tímpanos y, antes de que me diera cuenta, aquella espalda se giró y observé el rostro de nuestra víctima. Le clavamos las uñas en los ojos mientras se retorcía de dolor. El espectáculo era tan horrible que, entonces sí, se me nubló la vista.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Me desperté en el suelo en el mismo lugar en el que me había desmayado, sintiendo que alguien me lamía los labios. Aparté a Isis con un suave empujón y me levanté. Observé mis manos: 5 dedos cortos y gruesos, pero increíblemente ágiles; me palpé el cuerpo con ellas, comprobando que mi cola había desaparecido y el bigote también. Me acerqué caminando sobre mis pies humanos hasta el espejo: Por fin volvía a ser yo.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Entonces descubrí a Miguel. Estaba tendido en la cama, vuelto hacia arriba. Las sábanas blancas se habían teñido parcialmente de rojo oscuro.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;No quise ver más. Aparté la mirada hacia el suelo: entre mis piernas, Isis me miraba interrogante, acariciándose contra mi gemelo derecho. La agarré por el lomo y la acerqué a mi rostro; le di un beso en el hocico, murmuré “lo entiendo” y, acunándola como si fuera un bebé, abandoné la casa.&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-7886699580928212519?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/7886699580928212519/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=7886699580928212519' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/7886699580928212519'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/7886699580928212519'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2010/01/isis.html' title='Isis'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-3417316667514305791</id><published>2009-11-28T17:57:00.001+01:00</published><updated>2009-11-28T18:05:00.896+01:00</updated><title type='text'>Olor a jazmín</title><content type='html'>&lt;p&gt;- Raúl, ¿en qué grupos se clasifican los invertebrados? -preguntó el profesor desde la pizarra. El niño llevaba un rato con la mirada fija en el jersey del compañero de delante y eso le molestaba; nunca atendía, siempre le miraba de esa forma, como si no le viera y él sentía que esos ojos lo atravesaban y le hacían recordar cosas que prefería olvidar. Le enfurecía, ésa era la verdad. Por eso alzó la voz y le gritó: “¡Raúl, baja de las nubes y contesta! ¿En qué grupos se clasifican los invertebrados?”&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Raúl brincó en el asiento. Sus pensamientos estaban muy lejos y aquella voz le había hecho volver bruscamente. Titubeó:&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Gusanos...- el profesor se impacientaba; intentó en vano recordar el esquema que había tenido frente a él, durante horas, el día anterior-. Crustáceos...&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- No, Raúl, los crustáceos no.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Una mano se levantó tímidamente en otro pupitre.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- A ver, Nieves -la aleccionó el profesor con una sonrisa. Aquella pequeña niña-robot nunca lo inquietaba.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Medusas, gusanos, moluscos y artrópodos -dijo maquinalmente la niña.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¡Ah, sí! ¡Eso! ¡Artrópodos! -exclamó Raúl dándose una palmada en la frente. ¡Cómo si a él le importaran los artrópodos! Y, por cierto, ¿qué eran los artrópodos? Comprobó que el profesor lo ignoraba otra vez y su mirada se sumergió de nuevo en el jersey de enfrente; sus pensamientos volaron por la ventana, intentaba volver a su casa. Aunque, ¿dónde estaba su casa? ¿Sería ese edificio de allá enfrente?&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Quería volver a la de antes, ésa que olía a bizcocho por la mañana y a jazmín por la tarde. La casa en la que vivía ahora no olía a nada; sólo en el portal, de vez en cuando, olía a meadas de perro. Y ese olor no le gustaba. A su madre, seguramente, tampoco; por eso ponía siempre esa cara cuando cruzaban la puerta. Claro que por las mañanas, cuando entraba en su habitación y le abría las persianas, le solía despertar con la misma expresión mientras le decía: “Raúl, levanta que hay que ir al colegio”. Y no era porque él no le gustara; sabía que no era así, aunque últimamente su voz, que antes siempre le hacía reír, tenía un deje que le entristecía y le encogía el corazón. Ya no hacía bizcochos por las mañanas; esos desayunos se habían terminado: le compraba unos cereales de maíz, “para que crezcas sano y fuerte” y le daba un paquete de galletas para la merienda del colegio. Pero Raúl no se atrevía a decir que echaba de menos sus bizcochos; a veces, mientras se bebía la leche en el desayuno, la miraba y se inclinaba hacia la mesa, abriendo a medias la boca, pero siempre se detenía antes de comenzar la frase. Su madre ni siquiera lo miraba: sus ojos traspasaban su jersey puesto con prisas, su piel y sus huesos y se clavaban en la pared de enfrente; los ojos de su madre también le entristecían.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¡Raúl! -le llamó el profesor de matemáticas-. ¿Qué tipo de ángulo es éste?- le preguntó señalando la pizarra. Raúl miró las líneas que se cruzaban, pero no dijo nada; el jersey de delante se giró y le susurró algo al oído.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¡Ah, sí! ¡Obtuso! -exclamó Raúl. El profesor sacudió la cabeza y le conminó: “¡Tú sí que eres obtuso! Es un ángulo recto, Raúl; a ver si atendemos un poco más”.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¿Y cuál es este de aquí, Nieves? -La niña se levantó y dijo: &lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Es un ángulo agudo. &lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Muy bien, Nieves -la felicitó, mientras pensaba que la voz de esa sabelotodo le hacía rechinar los dientes.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Raúl abandonó el jersey de enfrente y se dedicó a contemplar a Nieves. Antes, él también solía saber las respuestas y los profesores siempre le felicitaban; se preguntó cuándo había dejado de importarte lo que los profesores pensaban de él. Sí, debió ser aquel día, hacía ya dos meses, cuando se padre les había anunciado que se marchaba. “¿Y adónde te vas, papá? ¿A Argentina?”; su padre siempre estaba viajando a Argentina; aunque nunca le había preguntando el motivo, sabía que su contestación hubiera sido: “Son asuntos de trabajo, Raúl. Bien sabes que que a mí me gustaría estar aquí, pero alguien tiene que trabajar en esta familia”.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Pero, esta vez, su padre no se iba a Argentina. “No, Raúl. Me marcho”. Raúl recordó que fue entonces cuando su madre puso, por primera vez, ese gesto que tanto le entristecía.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Raúl, léenos tu redacción sobre los dinosaurios -pidió la profesora de lengua. Raúl la miró sin comprender y, al fin, contestó:&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- No la hice, profe.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Está bien, Raúl. Me hubiera gustado escucharla, pero qué se le va a hacer. Prepárala para mañana. Nieves, léenos la tuya -terminó la profesora. Le aburrían las redacciones de Nieves, carentes completamente de imaginación; aquella niña ni siquiera parecía una niña. Era una lástima lo de Raúl; le emocionaban su candidez y su fantasía, y había algo en sus ojos, siempre buscando un punto donde posarse desoladamente, que le producían un estremecimiento que le recorría toda la columna vertebral, de arriba abajo. Allí estaba otra vez, sumido en sus propios pensamientos; lejos de los otros niños, de ella, de la redacción de Nieves. Sin saber que los demás profesores se inquietaban, a sus espaldas, por su lentitud; sin saber que ella lo defendía. No, eso a Raúl no le importaba.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Raúl intentaba recordar la cara de su padre. ¿Cómo había podido olvidarla? Frunció el ceño y se golpeó la frente, tratando de extraer a golpes un recuerdo de su rostro. Pero lo único que le venía a la memoria era su espalda cruzando el umbral de la puerta mientras en sus manos sostenía unas maletas.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Raúl, ¿te pasa algo? -le preguntó la profesora. Pero Raúl no respondió. No sabía cómo explicarle que echaba de menos el olor a jazmín. Unas lágrimas comenzaron a cruzar su rostro. La profesora se levantó y le pidió amablemente que saliera de la clase, para tranquilizarse.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Raúl, cuéntame, ¿qué te pasa? -preguntó la profesora. Y Raúl quería contestar, de verdad. Pero no sabía cómo expresar lo que se puede echar de menos el olor del bizcocho nada más levantarse; le faltaban palabras para explicarle que su madre ni siquiera miraba su jersey, puesto con prisas y con arrugas; que sus ojos le entristecían y que no le gustaba el olor &amp;lt;&amp;lt;a nada&amp;gt;&amp;gt; de su casa. Pero, sobretodo, no se atrevía a decirle que había olvidado el rostro de su padre; aquel rostro que había venerado durante años y que, ahora, se esfumaba de su mente sin dejar rastro. No, no podía decirle nada. Se enjugó las lágrimas y volvió a la clase.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Durante el resto del día, trató en vano de acordarse de la cara de su padre. Al llegar a casa, el olor a jazmín inundaba las paredes. Corrió a la cocina y a su madre, pero no encontró su mirada.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Se dirigió a su habitación, a sentarse enfrente de los libros, aunque era consciente de que no los iba a leer.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Al menos, había recuperado el olor a jazmín. Quizá el resto sólo fuera cuestión de tiempo.&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-3417316667514305791?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/3417316667514305791/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=3417316667514305791' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/3417316667514305791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/3417316667514305791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2009/11/olor-jazmin.html' title='Olor a jazmín'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-4776633178748663020</id><published>2009-08-27T19:01:00.001+02:00</published><updated>2009-08-27T19:01:14.848+02:00</updated><title type='text'>La resurrección de Marcial</title><content type='html'>&lt;p&gt;A Marcial no le gustaban los nuevos vecinos franceses. Bueno, ni los italianos; ni los portugueses, ni los alemanes. En realidad, no estoy seguro de que le gustaran tampoco los españoles. O la gente con la que había convivido a diario durante los últimos 40 años.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Algunos atribuían su personalidad huraña a su condición de escritor; claro que también atribuían a esta cualidad el resto de sus numerosas virtudes: Cuando alguien saludaba a Marcial y éste respondía con un gruñido, la persona ofendida solía suspirar y murmuraba: “Es escritor”; cuando el cartero introducía las cartas diligentemente en el buzón, al cabo de pocos instantes Marcial recogía su correo y, tras echarle un vistazo, golpeaba con el puño o con el pie -según correspondiera- su propio buzón haciendo que éste perdiera su estabilidad, el vecino fisgón que en ese momento le observara miraba hacia el cielo, se encogía de hombros y pensaba: “Es escritor”; cuando Marcial entraba en un bar, pedía una pinta y, una vez ésta servida, se la bebía de un solo trago y acto seguido estrellaba la jarra contra la pared, los clientes tanto como el propio dueño lo disculpaban: “Es escritor”.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;En realidad, si alguna vez hubieran conocido a algún otro escritor, probablemente se hubieran sentido obligados a retirar su absurda acusación como excusa para su comportamiento; sin embargo, como todavía no se había dado el caso, seguían pronunciando la misma cantinela ante cada situación extravagante en que se veía envuelto Marcial.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Como, por ejemplo, el día en que resucitó.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Todo comenzó un martes, a las 10 de la mañana, cuando Marcial decidió no recoger el correo. A decir verdad, estaba ocupado en algunos asuntos que en ese momento requerían toda su atención.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Sin embargo, los vecinos de X no lo sintieron de esa manera; realmente, no hubieran sabido describir lo que sentían. Acostumbrados como estaban a los ataques de ira de Marcial, aquella mañana se sintieron más felices sin saber por qué, aunque al mismo tiempo presentían que algo no estaba bien.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Al llegar la tarde, cuando los parroquianos se reunieron en el bar acostumbrado, la cerveza y la risa se distribuyeron por igual por todo el local. No fue hasta bien entrada la noche, cuando todos se encontraban ya retirados en su propia cama y con los ojos cerrados dispuestos a dormir, que se dieron cuenta de que en todo el día no había habido ni rastro de Marcial.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Al día siguiente, por supuesto, los rumores no se hicieron esperar. La desaparición de Marcial fue el tema del día, podría decirse incluso que de toda la semana. Las personas más cercanas -al menos espacialmente- afirmaron haber escuchado ruidos extraños durante la noche anterior, aunque no formulaban una verdadera hipótesis que explicara su desaparición; otros, quizá mejor informados -o quizá no- pretendían haber divisado una figura similar a la de Marcial cerca de la estación. Por supuesto, no faltaron los creyentes fanáticos que declararan como algún tipo de exorcismo aquella extraña volatilización, o los románticos que sostenían un amor furtivo como explicación ante tan insólita huida. Sin embargo, la opinión más extendida se refería a algún tipo de muerte fortuita y de procedencia y justicia divinas, aunque nadie podría decir cómo había surgido aquella fantástica idea.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Tras 6 días de divagaciones, algunos vecinos comenzaron a difundir noticias sobre un olor nauseabundo procedente de la casa de Marcial. Así, para silenciar y tranquilizar a los vecinos inquietos, la policía decidió investigar su desaparición&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Dos policías fueron a registrar la casa y derribaron la puerta de entrada entre la multitud aglomerada a su alrededor. Uno de ellos, respondiendo a las aclamaciones del público, causó sensación al desenfundar su pistola y se introdujo en la casa apuntando frente a él, como había visto hacer en las películas que solía ver en el cine todos los sábados por la noche. El otro, menos cinéfilo, corrió tras su compañero mirando hacia el suelo, por lo que tropezó con él cuando éste se detuvo. Se colocó a su lado y se arrepintió de hacerlo. El espectáculo era realmente repulsivo.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Un hombre, de unos 40 años de edad, yacía en el suelo con la cabeza abierta; la sangre coagulada y seca estaba desparramada sobre el rostro, el suelo y la escalera. Cerca de mil moscas -al menos eso le pareció al segundo policía- volaban sobre el cráneo fracturado y algún horrible animal -probablemente un perro- había desgarrado la piel en varios lugares del cuerpo.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Los policías retiraron al público indiscreto que trataba de curiosear desde algunas posiciones adelantadas. Llamaron al juez, al forense y a todos los que consideraron oportunos para poder levantar el cadáver de Marcial.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;El funeral se celebró al día siguiente. Acudió todo el pueblo, vestido de luto y guardando silencio por el muerto. Algunos incluso se atrevieron a dejar escapar alguna que otra lágrima al escuchar la plegaria del cura, bien por convicción o quizá por todo lo contrario.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Trasladaron el féretro al cementerio, con todos los vecinos de procesión tras él, cabizbajos y aparentemente apenados. De pronto, poco antes de la entrada al cementerio, la procesión se detuvo y a punto estuvieron de dejar caer el ataúd al suelo.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Marcial, frente a ellos, les encaraba desconcertado, con un puro entre los dientes, desde detrás de sus gafas redondas y ahumadas. Durante unos minutos nadie dijo una palabra, tras los cuales todos comenzaron a gritar: “¡Es un milagro!”; “¡Alabado sea el Señor!” y otras exclamaciones similares que suelen pronunciarse en estos casos. Por supuesto, no podía faltar la popular explicación: “¡Es escritor!”.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Marcial, por toda respuesta, gruñó.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Siguió bufando y refunfuñando mientras la policía lo escoltaba a comisaría y le tomaba declaración. Mientras tanto, la noticia de su resurrección se extendía entre las pocas personas que se habían perdido aquel funeral tan espectacular.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Aunque nunca se descubrió la identidad de la auténtica víctima, Marcial fue declarado culpable por unanimidad, si no por el juez, sí al menos por el pueblo, convirtiéndose en una celebridad espeluznante mientras seguía fumando sus puros y estrellando las jarras de cerveza contra la pared del bar. No se percibió ninguna diferencia notable en su personalidad, aunque sí es cierto que dejó de gruñir y bufar ante los saludos de sus vecinos. &lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Claro que es difícil de saber de forma inequívoca, porque lo realmente cierto es que ninguno de ellos le volvió a saludar.&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-4776633178748663020?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/4776633178748663020/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=4776633178748663020' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/4776633178748663020'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/4776633178748663020'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2009/08/la-resurreccion-de-marcial.html' title='La resurrección de Marcial'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-5517248566051939275</id><published>2009-06-03T22:23:00.001+02:00</published><updated>2009-06-03T22:23:21.507+02:00</updated><title type='text'>La Página Blanca</title><content type='html'>&lt;p&gt;- ¡Hasta luego, profesor! - se despidieron los alumnos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Miguel hizo una señal con la cabeza y caminó apresuradamente hacia su despacho. Cerró la puerta con llave tras de sí, inspeccionó todos los rincones y, cuando por fin se aseguró de que estaba solo, encendió tímidamente la lamparilla de la mesa y se sentó en el sillón. Abrió con cuidado el cajón inferior del escritorio y rebuscó por debajo de un paquete de folios en blanco hasta que encontró una hoja de periódico:&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;“Extraña muerte de un estudiante de Glasgow”, rezaba un pequeño titular al final de la página; “El joven W. P. falleció el pasado domingo a las 3 p.m. Fue encontrado por un familiar en su dormitorio, con un libro en las manos; algunos amigos aseguran que lo había comprado el día anterior a raíz de una extraño rumor, que se ha ido extendiendo por el campus a lo largo del día, acerca de un libro con una página en blanco. Hasta el momento se desconoce la causa de su muerte”.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Miguel había esperado aquel momento desde hacía años. Como profesor de Parapsicología, conocía aquel rumor y lo había estudiado con interés durante mucho tiempo. &lt;i&gt;¡El “Libro de la Página Blanca”!&lt;/i&gt;, recordó; &lt;i&gt;uno de los libros más misteriosos que existen. En cualquier otro momento podrás leerlo y no sucederá nada, no llegarás a apreciar su valor. Pero si lo lees el tercer martes después de la Luna Llena, a una hora determinada... &lt;/i&gt;Volvió a leer el recorte con avidez: &lt;i&gt;¡Las tres de la tarde!&lt;/i&gt; Cerró los ojos complacido y se durmió sobre la mesa.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Cuando se despertó, comprobó el calendario con manos temblorosas y se dirigió a la librería. Encontró fácilmente el libro que buscaba; era muy conocido. Miguel se sonrió: &lt;i&gt;¡Si la gente supiera...!, pensó, ¡Si tan sólo supiera buscar la página...!&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Con el libro ya en sus manos, volvió a su despacho. Cerró de nuevo la puerta con llave. Se sentó en el sillón y encendió la lámpara, que iluminó tenuemente la cubierta del libro. Lo acarició con los dedos, &lt;i&gt;¡por fin!&lt;/i&gt;, miró el calendario, &lt;i&gt;hoy es el día, &lt;/i&gt;y comprobó la hora: &lt;i&gt;Ya falta poco.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Comenzó la lectura, ojeando cada poco el reloj, observando cómo pasaban los segundos, los minutos, las horas. &lt;/p&gt;  &lt;p&gt;A las 2:58 p.m. comenzó a buscar con los dedos sudorosos la tan ansiada página. A las 2:59 p.m., revolvió el libro de adelante atrás, de atrás adelante, pero la página se hacía esperar. A las 3:00 p.m. el libro cayó de sus manos, abriéndose en una pagina aleatoria, llena de líneas y párrafos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;A las 3:01 p.m., los ojos muertos de Miguel se inundaron con las palabras de la página, ahora en blanco, que estaba abierta frente a él.&lt;/p&gt;  &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-5517248566051939275?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/5517248566051939275/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=5517248566051939275' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/5517248566051939275'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/5517248566051939275'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2009/06/la-pagina-blanca.html' title='La Página Blanca'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-1754010291656572644</id><published>2009-04-18T22:45:00.007+02:00</published><updated>2009-04-23T22:07:06.414+02:00</updated><title type='text'>El sueño de un español</title><content type='html'>&lt;p&gt;La vida es como se presenta. Deseaba tener una habitación limpia e individual, una cama muy blanca, un lavabo resplandeciente, una mesa con una lámpara de luz suave. Pero debía matar a alguien. Al menos ése había sido el trato.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Había quedado con el dueño el martes a las once y media en una cafetería cercana a la casa en venta. Llegué puntual y me senté en una mesa apartada con la mirada fija en la puerta. Pedí un café solo; tomé un trago largo y me quemé la lengua. Justo en ese momento, un hombre de aspecto extravagante atravesó la entrada. Miró a uno y otro lado a través de sus gafas ahumadas y con paso decidido se acercó a mi mesa.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¿Es usted el señor Gutiérrez? -me preguntó. Sin esperar mi respuesta se sentó y pidió una clara-. Está usted interesado en la casa -afirmó sin mirarme-. No le he engañado, el chalet es cómo se describe en el anuncio. Y el precio es inmejorable. Pero debe saber que existen una serie de condiciones -por fin, me miró a los ojos, o al menos eso me pareció; yo no pude distinguir nada tras los cristales oscuros.- Muchos han venido antes que usted y han fracasado. Espero que no me defraude -realizó una breve pausa mientras se bebía la cerveza de un trago-. Venga, le enseñaré la casa y hablaremos de las condiciones -Dejó un billete de 5 euros, se levantó y se dirigió rápidamente hacia la puerta, sin volver la vista atrás. Después de unos segundos de vacilación, decidí seguirle; tuve que apresurarme para darle alcance.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Atravesamos la entrada. Nos encontramos en un largo camino rodeado de manzanos; seguí al vendedor hasta el porche. Al abrir la puerta, la luz de la ventana me cegó unos instantes; parpadeé y giré la cabeza. No entraré en detalles sobre la descripción de la casa, sólo diré que era el sueño de cualquier español. Miré al dueño con la boca abierta, pero él no me prestó atención; estaba acostumbrado a aquella reacción en los candidatos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¿Cuánto? -le pregunté.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Por favor, señor Gutiérrez, no me haga preguntas estúpidas -contestó con un bostezo suspirado-. El precio es el estipulado en el anuncio. Pero ésa no es la cuestión.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Permaneció en silencio durante unos minutos que me parecieron insoportables.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¿Qué estaría dispuesto a hacer por esta casa?- me preguntó de pronto.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Cualquier cosa -respondí sin vacilar.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Sonrió complacido.&lt;/p&gt;    &lt;p&gt;- Ésa es la respuesta que esperaba -respondió-. Bien, hablemos de las condiciones -dijo señalándome un asiento. - Llegamos a un punto delicado, señor Gutiérrez. Todos los candidatos que he entrevistado han rechazado el chalet al exponerles las condiciones. Pero espero que usted sea diferente; tengo el presentimiento de que así es -comenzó-. Verá, señor Gutiérrez, este chalet lo construí yo mismo hace 20 años. Hace poco decidí ponerlo en venta, pero el nuevo inquilino debe amar esta casa tanto como yo. Ésa es la razón de las peculiares condiciones: necesito saber que la persona que la va a ocupar es capaz de hacer cualquier cosa por ella, ¿entiende? Cualquier cosa -esperó unos instantes para que pudiera captar todo el significado de sus palabras-. Es por eso que debe matar a alguien.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Estudiaba atentamente la expresión de mi rostro, intentando adivinar mis pensamientos. Pero, en aquel momento, yo no pensaba nada. Sólo sabía que necesitaba aquella casa.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- ¿A quién? -pregunté tras unos minutos.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Eso lo dejo a su elección -contestó-. Pero necesito pruebas.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Entiendo -asentí con la cabeza. Él sonrió y me tendió la mano. Luego nos levantamos y abandonamos el chalet.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Mientras me dirigía a mi casa, empecé a preguntarme a quién sacrificaría. Recordé uno por uno a todos mis conocidos, pero los deseché enseguida; les tenía demasiado cariño. Además, resultaba más fácil que me descubrieran si la víctima se encontraba entre mis conocidos. Después comencé a estudiar los rostros de las personas que se cruzaban en mi camino, pero ninguna logró hacerme sentir deseos de matarla.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Por fin llegué a mi casa. Vivía en el cuarto piso de un viejo edificio; un olor a humedad inundaba la entrada. Una pequeña bombilla invadía de penumbras el rellano, pero mi piso estaba prácticamente a oscuras, sólo iluminado por la luz de la luna que entraba por la ventana. Aún así, aquella habitación con cocina y baño parecía más grande de noche, cuando las sombras alargaban el suelo más allá de las paredes que lo limitaban.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Me encerré durante los siguientes días, no sabría decir cuántos fueron, preparando hasta los últimos detalles del plan que me había propuesto. Cuando por fin salí a la calle, ya había escogido a mi víctima y había decidido el momento.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Esperé hasta la noche delante de su casa. Le vi entrar y salir un par de veces, pero me escondí y estoy seguro de que no llegó a verme. Calculé que serían más de las doce de la noche cuando atravesé la entrada. El camino resultaba sobrecogedoramente romántico. Abrí la cerradura con una ganzúa, sin hacer ruido; había estado practicando muchas horas en los días anteriores y mi mano no temblaba cuando giré el pomo de la puerta.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Subí silenciosamente los escalones; ya en el primer piso, seguí los ronquidos de mi víctima hasta la habitación en la que dormía. Lo encontré boca arriba, con los brazos a los lados del cuerpo, sobre la cama. Tenía los ojos cerrados.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;Me acerqué de puntillas hasta la cabecera. Entonces saqué el revólver del bolsillo, le quité el pestillo y coloqué suavemente la boca del cañón sobre su frente.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Buenas noches -saludé.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;El vendedor abrió los ojos; me sorprendió la ausencia de cualquier expresión de sorpresa o temor en su rostro.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Buenas noches, señor Gutiérrez -me contestó-. Así que ésta es su elección.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;No respondí. Él intentó sentarse, pero se lo impedí empujándole con fuerza con el revólver.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- No intente levantarse o disparo -le amenacé.&lt;/p&gt;  &lt;p&gt;- Como usted quiera – contestó tranquilamente-. He de reconocer que nadie había intentado esto hasta ahora, tiene usted agallas -cerró un momento los ojos y sonrió con satisfacción-. Le felicito, señor Gutiérrez. La casa es suya.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-1754010291656572644?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/1754010291656572644/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=1754010291656572644' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/1754010291656572644'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/1754010291656572644'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2009/04/el-sueno-de-un-espanol.html' title='El sueño de un español'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-6846616578383310199</id><published>2009-03-11T00:39:00.001+01:00</published><updated>2009-04-10T18:45:46.229+02:00</updated><title type='text'>Haikus (2)</title><content type='html'>Vuelan los silencios.  &lt;br /&gt;Dudas y callas:  &lt;br /&gt;Te quema dentro.  &lt;br /&gt;---------------  &lt;br /&gt;Soledad al viento:  &lt;br /&gt;la multitud acampa  &lt;br /&gt;sobre la esperanza.  &lt;br /&gt;---------------  &lt;br /&gt;Sonrisa perenne.  &lt;br /&gt;Tiemblan los párpados:  &lt;br /&gt;Nos entendemos  &lt;br /&gt;---------------  &lt;br /&gt;Acertijos, enigmas.  &lt;br /&gt;Mentiras o ilusiones  &lt;br /&gt;que escapan al tiempo.  &lt;br /&gt;---------------  &lt;br /&gt;La noche aguarda:  &lt;br /&gt;una luz brillante  &lt;br /&gt;da la esperanza.  &lt;br /&gt;---------------  &lt;br /&gt;Invierno efímero.  &lt;br /&gt;Primaveras saladas.  &lt;br /&gt;Verano frío.  &lt;br /&gt;---------------  &lt;br /&gt;Cayó el ídolo:  &lt;br /&gt;quemaron los bosques  &lt;br /&gt;de sus escritos.  &lt;br /&gt;---------------  &lt;br /&gt;Falsa melodía:  &lt;br /&gt;despierta tus oídos  &lt;br /&gt;hacia el que mira.    &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-6846616578383310199?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/6846616578383310199/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=6846616578383310199' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/6846616578383310199'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/6846616578383310199'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2009/03/haikus-2.html' title='Haikus (2)'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-1681750135681777884</id><published>2009-03-11T00:31:00.002+01:00</published><updated>2009-03-11T00:39:15.774+01:00</updated><title type='text'>El vendedor de ilusiones</title><content type='html'>Lucía se dio la vuelta en la cama, desperezándose lentamente. Su marido, de espaldas a ella, se miraba en el espejo terminando de hacerse el nudo de la corbata. Lo observó en silencio, estudiando el inmaculado traje azul  marino que ella misma le había preparado el día anterior, la camisa clara, la corbata de rayas... Los ojos inexpresivos que la miraban con fijeza.&lt;br /&gt;- Estás despierta -aventuró él.&lt;br /&gt;- Mmmh...- respondió Lucía.&lt;br /&gt;Terminó de anudarse la corbata y se giró hacia ella, se agachó con cuidado y le dio un beso cortés en la mejilla.&lt;br /&gt;- Llevo ya la maleta... No creo que me dé tiempo a pasar por casa. ¿Estarás bien sin mí?&lt;br /&gt;Lucía se incorporó y vio la maleta a los pies de la cama. Con voz aún soñolienta preguntó:&lt;br /&gt;- ¿Adónde vas?&lt;br /&gt;- ¿No te acuerdas? - le recriminó él-. Te lo dije ayer por la noche. Me voy a Nueva York una semana. Cosas de negocios -hizo una mueca de hastío con la boca.&lt;br /&gt;- Ah sí -respondió ella evasiva; bajó la cabeza sonrojada y, mirando hacia otro lado, murmuró indecisa – Lo siento... No me acordaba.&lt;br /&gt;Su marido le puso una mano  sobre la cabeza durante unos segundos, como una caricia vaga. Después se levantó, agarró la maleta y, con una última mirada de despedida, se marchó sonriente.&lt;br /&gt;Lucía dio vueltas sobre la cama, adormilada, durante un par de horas. Después se levantó y se arregló con esmero: Eligió un vestido verde esmeralda que hacía juego con sus ojos, se alisó el cabello y lo recogió en una coleta estudiadamente descuidada, se calzó unos zapatos de tacón fino y se miró en el espejo con agrado.&lt;br /&gt;Por último, cogió su abrigo viejo y su bolso de imitación, pasó rauda ante el espejo y salió de casa.&lt;br /&gt;Se dirigió a un centro comercial cercano. De camino al supermercado, se detenía ante los escaparates de las tiendas de moda, deleitándose con las infinitas variedades de vestidos, blusas, pantalones, abrigos... No miraba los precios. Tampoco se atrevió a entrar en ninguno de los establecimientos.&lt;br /&gt;Permaneció diez minutos delante de una tienda de ropa de baño, pensando en la lista de la compra. De pronto observó que se le acercaba una mujer rubia por su lado derecho; giró disimuladamente la cabeza hacia la izquierda, esperando que la mujer ignorara su presencia.&lt;br /&gt;- ¡Lucía! -exclamó la mujer con sorpresa.&lt;br /&gt;- Hola, Vanesa -saludó resignada.&lt;br /&gt;- ¡Cuánto tiempo! -dijo mientras daba dos besos al aire cerca de sus orejas -. ¿Qué tal estás? -preguntó con una amplia sonrisa; descubrió de pronto el escaparate cercano, lleno de bañadores, y le guiñó un ojo-. ¿Haciendo compras de última hora? ¡Qué suerte tienes, chica! ¡No sabes la envidia que me das! La última vez que mi marido preparó un viaje romántico... ¡No sé si conseguiría acordarme! -soltó una gran carcajada.&lt;br /&gt;- En realidad yo no... -comenzó Lucía, desconcertada.&lt;br /&gt;- ¿Y dónde vais esta vez? ¿Islas Fiji? ¿Punta Cana? ¿Hawaii? ¡Dentro de poco habréis  recorrido el  mundo entero! Y mientras tanto mi pobre Jonathan  trabajando sin parar -le recriminó con dulzura-. Bueno, querida, tengo que marcharme. ¡No todas tenemos la suerte de que a nuestro marido le den una semana de vacaciones! Te dejo con tus compras. ¡Podríamos vernos la semana que viene y me cuentas! ¡Pasadlo bien! ¡Un beso!&lt;br /&gt;Lucía contempló la espalda de la mujer hasta que desapareció tras la esquina. Deambuló durante media hora; de vez en cuando se detenía y fruncía el ceño, o miraba a uno y otro lado como buscando algo. De pronto descubrió un escaparate lleno de  abrigos y entró desafiante en la tienda. No se entretuvo mirando y probando; buscó uno de piel de la talla correcta y lo llevó hasta la caja.&lt;br /&gt;Su  aspecto decidido se derrumbó al salir por la puerta. Temerosa y avergonzada, no se atrevía a devolver la prenda. Miró el reloj y caminó con paso rápido hasta el coche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El edificio de oficinas se alzaba sobre una calle céntrica de la ciudad; su altura destacaba sobre el resto de edificios vecinos. Era una zona de aparcamiento difícil y Lucía decidió utilizar un  parking público para ahorrar tiempo. Después, con el corazón en la boca, corrió hasta la entrada del edificio.&lt;br /&gt;Se detuvo frente al ascensor, inspirando y espirando repetidas veces con el fin de conseguir aliento.&lt;br /&gt;Subió hasta la décima planta; cuando se abrieron las puertas del ascensor, se encontró en un amplio espacio donde, lo que le parecieron cientos de personas, trabajaban a un ritmo frenético. Se adentró con pasos indecisos en  el bullicio, tratando de orientarse y recordar el camino.&lt;br /&gt;Al fin llegó hasta una puerta que ostentaba el nombre de su marido en grandes letras negras. Al traspasarla, una secretaria le dio la bienvenida con una sonrisa.&lt;br /&gt;- Buenos días, señora Jiménez. No la esperábamos hoy. Veré si su marido está disponible.&lt;br /&gt;- Gracias.&lt;br /&gt;Esperó durante 5 largos minutos, hasta que llegó su marido con una sonrisa malhumorada. Le pasó el brazo por la espalda, acercándola hacia sí mientras le daba un beso en la mejilla.&lt;br /&gt;- ¿Qué haces aquí? Estoy hasta arriba de trabajo. No tengo mucho tiempo.&lt;br /&gt;Lucía se mordió los labios, rehuyendo la mirada inquisitiva de su marido. Una niebla espesa pareció inundar sus pensamientos; de pronto no sabía explicar el motivo de su visita. Su marido, impaciente, soltó un bufido resignado y se metió las manos en los bolsillos.&lt;br /&gt;- Esta mañana he encontrado a Vanesa...-logró pronunciar Lucía.&lt;br /&gt;- ¿Me has hecho salir de una reunión para decirme eso? -preguntó él tras unos segundos.&lt;br /&gt;- No... En realidad, yo... No sé... Me dijo unas cosas muy extrañas -Lucía se se restregó la frente con la palma de la mano, tratando de disolver así la niebla.&lt;br /&gt;- ¿Qué cosas extrañas?&lt;br /&gt;- No sé... Habló sobre tu viaje... Pero ella creía que nos íbamos los dos, de vacaciones. Dijo que te habían dado una semana -Lucía miró avergonzada a su marido, esperando su respuesta. Tardó unos segundos en reaccionar; de pronto, estalló en una carcajada breve, y le preguntó con una sonrisa congelada:&lt;br /&gt;- ¿No lo dirás en serio?&lt;br /&gt;Lucía pestañeó con desconcierto.&lt;br /&gt;- ¡De vacaciones! ¿Has oído, Bea? -le preguntó a su secretaria, que al escuchar su nombre alzó la cabeza sonriendo-. ¡De vacaciones! ¡Y ella se lo ha creído!&lt;br /&gt;La secretaria rió educadamente.&lt;br /&gt;- Cuéntale, Bea; venga, dile dónde me voy de vacaciones -pidió con tono burlón.&lt;br /&gt;- ¿No se va usted a Estados Unidos? -aventuró Bea.&lt;br /&gt;- A Nueva York, eso es. Voy a reunirme con unos clientes, ¿no es así? -interrumpió de nuevo a la secretaria, que había vuelto a su trabajo. Ella alzó la cabeza, sonrió distraídamente y se sumergió de nuevo en su tarea.&lt;br /&gt;- ¿Alguna pregunta más? -le dirigió a su mujer una mirada socarrona. Ella inclinó sumisa la cabeza; oyó que él suspiraba con hastío-. Mira, no sé de dónde habrá sacado Vanesa esa idea, pero yo tengo un vuelo dentro de tres horas y todavía tengo que arreglar unos papeles -se dio la vuelta y exclamó: &lt;br /&gt;- ¡Vacaciones! ¡Sí, supongo que a ese inepto de Jonathan le parecerán unas vacaciones! ¡Su cerebro obrero jamás entenderá este tipo de trabajo! ¡Por eso está anclado en esa basura mientras su envidiosa mujer te mete pájaros en la cabeza! -se volvió de nuevo hacia su mujer-. No deberías hablar con esa chusma, querida, no son buena compañía.- Le alzó el rostro empujándole la barbilla con el dedo índice-. ¿Me harás caso?&lt;br /&gt;- Está bien- concedió Lucía.&lt;br /&gt;- Buena chica.&lt;br /&gt;Lucía titubeó unos segundos.&lt;br /&gt;- ¿Pasa algo más? -preguntó él.&lt;br /&gt;- No, sólo... Antes compré un abrigo -dijo Lucía cerrando los ojos.&lt;br /&gt;- ¿Un abrigo? ¿Cuánto te costó?&lt;br /&gt;Lucía le dijo el precio.&lt;br /&gt;- ¿Cómo has podido gastarte tanto dinero en un abrigo? -le recriminó-. ¿Sabes lo que me cuesta ganarlo? ¿Te crees que somos ricos? -la miró amenazante-. Pues tendrás que devolverlo.&lt;br /&gt;- ¿No podría quedármelo? ¿Sólo por esta vez? -suplicó Lucía-. Me da vergüenza salir con este abrigo a la calle. El otro día me encontré con una antigua amiga... Me miró de una manera... No me gustó.&lt;br /&gt;- ¿Crees que a mí me gusta que vayas así? Pero no podemos permitírnoslo -le dijo con dulzura-. Supongo que tu amiga tuvo la suerte de casarse con un marido rico, pero  yo no puedo pagarte esos caprichos.&lt;br /&gt;- Está bien -aceptó finalmente Lucía-. Lo devolveré.&lt;br /&gt;- Así me gusta -le dio un beso en la mejilla, menos breve que los acostumbrados-. Tengo que irme, ya he perdido bastante tiempo. Nos vemos la semana que viene.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucía llegó a casa exhausta. Comió frente al televisor y luego se tumbó en el sofá. Cuando empezaba a adormecerse, sonó el timbre de la entrada. A través de la mirilla vio a su amiga María y abrió la puerta.&lt;br /&gt;- No me acordaba de que venías esta tarde -se disculpó desperezándose.&lt;br /&gt;- Siento haberte despertado -le correspondió María-. ¡Estoy tan nerviosa por esta noche!&lt;br /&gt;Lucía miró a su amiga con cierta envidia.&lt;br /&gt;- Así que hoy te presenta a su  familia, ¿eh?&lt;br /&gt;- Sí -contestó ella mientras dejaba su abrigo en el ropero de la entrada-. ¿Seguro que no te importa dejármelo?&lt;br /&gt;- Seguro -confirmó Lucía-. Ven y te lo enseño.&lt;br /&gt;María la siguió ansiosa, entró tras ella en la habitación y se sentó en la cama cuidando de no arrugar el cobertor.&lt;br /&gt;Lucía abrió el cajón de la cómoda, sacó un estuche y lo abrió ceremoniosa. En su interior se distinguía un collar de perlas negras engarzadas en oro. Lucía lo alzó orgullosa sosteniéndolo con cuidado en su mano derecha.&lt;br /&gt;- Es precioso -sentenció María.&lt;br /&gt;- Es el único regalo bueno que me ha hecho mi marido -dijo Lucía emocionada.&lt;br /&gt;- Te quiere mucho -afirmó su amiga.&lt;br /&gt;- Supongo...&lt;br /&gt;Lucía contempló fascinada aquel collar entre sus manos, recordando el momento en que su marido se lo había regalado.&lt;br /&gt;- Me lo dio antes de casarnos -contó Lucía-, en un viaje que hicimos a Italia. Fue uno de los momentos más felices de mi vida.&lt;br /&gt;- Lo cuidaré bien, te lo prometo – aseguró María. Cogió el collar y dejó que rodara dentro de sus manos. Al darse la vuelta algunas perlas, descubrieron minúsculos puntos blancos en algunas de ellas.&lt;br /&gt;Lucía lo recogió rápidamente, pero el silencio de su amiga le confirmó que el descubrimiento había sido compartido. Sintió que un calor inmenso le inundaba las mejillas y se dio la vuelta. Contempló detenidamente sus preciosas perlas, dándoles vueltas y examinando las muescas evidentes. &lt;br /&gt;Oyó una voz acongojada a sus espaldas:&lt;br /&gt;- Lo siento.&lt;br /&gt;- Tú no tienes la culpa.&lt;br /&gt;María se levantó sin hacer ruido y comprobó la expresión indescifrable del rostro de Lucía. Fue hasta la entrada, cogió su abrigo y volvió a la habitación. Lucía se encontraba frente a la cómoda, removiendo las perlas entre sus manos; unos segundos después, las dejó caer con gesto trágico sobre el cajón. Mientras lo cerraba con la mano derecha, su mirada descubrió la alianza matrimonial; lo giró con los dedos de su mano izquierda, arañándolo de vez en cuando. Poco a poco levantó la cabeza y dirigió una mirada ausente al espejo, rotando todavía el anillo entre sus dedos.&lt;br /&gt;María se acercó a ella y le acarició el brazo, pero Lucía no se movió. Se maldijo en silencio por haberle pedido el collar de perlas.&lt;br /&gt;- ¿Estás bien?&lt;br /&gt;Lucía se volvió lentamente hacia su amiga. Sus ojos húmedos contrastaban con la contracción firme de sus labios.&lt;br /&gt;- Sí – contestó con sorprendente decisión-. ¿Te importa si nos vemos otro día? Tengo que preparar unas maletas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-1681750135681777884?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/1681750135681777884/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=1681750135681777884' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/1681750135681777884'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/1681750135681777884'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2009/03/el-vendedor-de-ilusiones.html' title='El vendedor de ilusiones'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-2069157162235973909</id><published>2009-02-07T14:44:00.001+01:00</published><updated>2009-02-07T14:47:13.437+01:00</updated><title type='text'>Haikus</title><content type='html'>Desierto de miedos&lt;br /&gt;todo lo que hoy veo:&lt;br /&gt;ceniza, escombros&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;Viento de hojas&lt;br /&gt;siempre noche de otoño.&lt;br /&gt;Barren las horas&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;Terraza  de invierno:&lt;br /&gt;nieve en mi zapato&lt;br /&gt;barro en el sombrero&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;A ritmo de blues&lt;br /&gt;vienen y pasan.&lt;br /&gt;Resaca de palabras&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;La luna de octubre&lt;br /&gt;se va sin dejar traza.&lt;br /&gt;Destello de un reflejo en el agua.&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;Melodía del silencio.&lt;br /&gt;Sólo yo soy el mismo.&lt;br /&gt;Las dudas callan.&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;Huellas borradas.&lt;br /&gt;El camino sin nadie&lt;br /&gt;de  almas descansa.&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;Mañanas despejadas&lt;br /&gt;tan pronto como esas nubes&lt;br /&gt;cabalguen y se vayan.&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;Días dormidos.&lt;br /&gt;Hablando conmigo mismo&lt;br /&gt;de todo y de nada.&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;Ruido de niebla.&lt;br /&gt;Me froto los ojos&lt;br /&gt;y escucho.&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;Tormenta oprimida.&lt;br /&gt;Después de la lluvia&lt;br /&gt;no queda nada.&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;De mañana&lt;br /&gt;cae la niebla.&lt;br /&gt;Las tardes se aclaran.&lt;br /&gt;------------------&lt;br /&gt;Esta madrugada&lt;br /&gt;tarda en salir la luna.&lt;br /&gt;Las estrellas me aguardan.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-2069157162235973909?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/2069157162235973909/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=2069157162235973909' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/2069157162235973909'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/2069157162235973909'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2009/02/haikus.html' title='Haikus'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-9006517587310633943</id><published>2009-01-28T02:06:00.014+01:00</published><updated>2009-04-19T03:21:11.398+02:00</updated><title type='text'>Continuación de "El  faro" (E. A. Poe)</title><content type='html'>4 enero&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La quietud acostumbrada de los últimos días se impuso durante toda la mañana. El sol inundó hasta los huecos más oscuros de la cámara e iluminó el mar de aguas cada vez más claras. Utilicé el telescopio para avistar peces y algas del fondo marino, algunos de ellos de especie desconocida -al menos para mí- que hubieran sido el deleite de muchos biólogos. Copié sus extrañas figuras en una hoja pero no niego que, debido a su rápido movimiento, no haya en estos dibujos más imaginación que realidad.&lt;br /&gt;Transcurrieron unas cuantas horas antes de que abandonara esta nueva afición. El sol comenzaba a declinar y un viento frío se extendió desde el sudoeste. Decidí recoger mis bocetos y me oculté en el interior del torreón, desde donde seguí escuchando los silbidos intermitentes del aire que el eco, de modo irritante, se esforzaba en imitar dentro de estas paredes.&lt;br /&gt;No volví a salir el resto del día. Para tranquilizar mi espíritu recorrí las escaleras arriba y abajo media docena de veces, las últimas de ellas casi corriendo, mientras numeraba en voz alta los escalones que rodean el interior del faro. Logré contar 268, si bien es posible que alguno escapara a mi numeración.&lt;br /&gt;&lt;style type="text/css"&gt;  &lt;!--   @page { size: 21cm 29.7cm; margin: 2cm }   P { margin-bottom: 0.21cm }  --&gt;&lt;/style&gt;Neptuno corría a mi lado, no entiendo si por inquietud o sólo para reírse de mí. Ahora descansa apaciblemente sobre la cama.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;5 enero&lt;br /&gt;El viento sopla cada vez más fuerte. El mar empieza a agitarse y de vez en cuando una gran ola se arrastra hasta chocar contra el faro. Sin embargo, las nubes siguen sin aparecer y el sol reina en lo alto del cielo. Las luces de la cámara son cada vez más tenebrosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;6 enero&lt;br /&gt;He avistado unas nubes oscuras en el horizonte. Parecen dirigirse hacia aquí, aunque tal vez me equivoque y sigan un rumbo completamente diferente...&lt;br /&gt;Al caer la tarde me retiré disgustado hacia el interior. Las corrientes parecían dispuestas a arrojarme por la barandilla. Incluso hubo un instante que... Pero no, eso es imposible. En los 6 días que llevo en el faro he tenido ocasión de comprobar, en repetidas ocasiones, la soledad de estos muros.&lt;br /&gt;Aunque...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7 enero&lt;br /&gt;Comprobé con aprensión que las nubes seguían acercándose. Forman un remolino extraño en la superficie del agua; a veces el mar se alza con tal furia que parece fusionarse con el cielo.&lt;br /&gt;Me encerré, como en días anteriores, en esta enorme columna que cada vez me parece más pequeña.&lt;br /&gt;&lt;style type="text/css"&gt;  &lt;!--   @page { size: 21cm 29.7cm; margin: 2cm }   P { margin-bottom: 0.21cm }  --&gt;&lt;/style&gt;¿Por qué escucharía mis súplicas De Grät? Por primera vez en mucho tiempo, deseé estar en la ciudad, incluso rodeado de esa «sociedad» que tanto he aborrecido... En realidad, no es que haya cambiado mi opinión respecto a ella, sólo extraño el escaso consuelo que alguna vez vislumbré en una situación desesperada...&lt;br /&gt;¡Pero no! No estoy desesperado. Sólo a veces, cuando en la oscuridad de mi habitación el silbido del viento se convierte en un gemido, cuando el murmullo de las olas recuerda a voces lejanas... Entonces daría lo que fuera por un rostro afable.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8 enero&lt;br /&gt;La tormenta aún no me ha alcanzado. Las nubes se han acercado un poco más, pero lo hacen lentamente; sin embargo, el viento sopla aún con más fuerza y a veces... ¡Qué extraño! Me parece percibir tenues jirones de niebla con forma de manos, largas y huesudas, e incluso una vez... ¡Creí ver un rostro!&lt;br /&gt;Es obvio que tengo una gran imaginación. ¿Cómo, si no, podría explicarse que anoche creyera escuchar pasos entre el rumor de las olas? Sin duda se trataría del lamento de estos muros de hierro por el impetuoso oleaje. Y las voces, sin duda, no eran más que el sollozo del aire recorriendo la escalera de la torre. De modo que no tengo de qué preocuparme; ni siquiera si escucho, como esta madrugada, pronunciar mi nombre...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;9 enero&lt;br /&gt;Me desperté en mitad de la noche -supongo que sería alrededor de la 1, aunque no me acordé de comprobar la hora por lo extraño del caso- al oír una llamada. No podría negar que se trataba de una voz, aunque me fuera la vida en ello.&lt;br /&gt;La seguí hasta lo alto del fanal y me incliné con precaución por la barandilla. No sabría decir qué pretendía, pero estuve al menos media hora observando el océano. Me sentía fascinado por aquel espectáculo que me brindaba la naturaleza. De vez en cuando una ola me bañaba e intentaba arrastrar, pero resistí abrazándome a la baranda.&lt;br /&gt;Al llegar la mañana, ya no me atreví a salir. No sé si la tormenta por fin ha alcanzado el faro, pues dentro ya no se oye nada... Salvo las voces. Una me llama sin cesar hasta hacer que aborrezca mi nombre; otras me recriminan mi aislamiento voluntario, o se dedican a susurrarme ideas espantosas... Yo intento no escucharlas, ninguna de ellas consigue afectarme.&lt;br /&gt;Pero, entre ellas, hay una risa... ¡Yo sé que conozco esa risa! ¡Lo sé! Hace tiempo me indujo a cometer errores de los que he intentando librarme; me alejé de ella y durante un tiempo no supe más. Luego volvió...&lt;br /&gt;¿Cómo es posible que me haya seguido hasta aquí? Y en estos momentos, cuando el viento y la marea hacen imposibles cualquier intento de huida... ¿Cómo lograré escapar de nuevo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De Grät cerró el diario y subió por el torreón. Después de 10 días por fin el mar se había sosegado y había logrado salvar la distancia hasta el faro. No  había encontrado al  vigilante, pero sí un ligero  rastro húmedo en las escaleras hacia la puerta de la balconada.&lt;br /&gt;Se inclinó por la barandilla y observó el mar en calma durante unos minutos. Después bajó de nuevo, dirigió una última mirada al faro y, subiéndose en la balandra junto a Neptuno, puso rumbo hacia tierra.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-9006517587310633943?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/9006517587310633943/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=9006517587310633943' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/9006517587310633943'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/9006517587310633943'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2009/01/continuacion-de-el-faro-e-poe.html' title='Continuación de &quot;El  faro&quot; (E. A. Poe)'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-5860276561049665553</id><published>2008-12-18T02:46:00.002+01:00</published><updated>2008-12-18T02:47:43.582+01:00</updated><title type='text'>Libidus</title><content type='html'>Libidus entró en su despacho y se sentó frente al escritorio. Aunque no había ninguna luz encendida, pulsó el botón y escuchó la voz metálica: “No tiene ningún mensaje en el contestador”.&lt;br /&gt;Libidus se encogió un poco sobre su sillón de piel. Últimamente eran pocas las llamadas que recibía, aunque durante un tiempo no fue así. Intentó recordar aquellos días, cuando una luz intermitente le saludaba por las mañanas y Libidus se sentaba en su sillón y escuchaba, con placer, los incontables mensajes que le habían enviado durante sus horas de ausencia.&lt;br /&gt;Poco a poco, los otros demonios le habían abandonado. Los días antiguos de volar junto a Umbralis habían caído en el olvido; había probado a acompañar a Egolis, pero él sólo se veía a sí mismo. Su último compañero, Temptatius… Libidus cerró los ojos y sacudió la cabeza para ahuyentar los recuerdos. En realidad, Temptatius no le había abandonado, pero su trabajo se había vuelto escaso y había decidido unirse a un grupo de rebeldes.&lt;br /&gt;Libidus se recompuso. Al fin y al cabo, sus circunstancias eran diferentes.  Su trabajo nunca se agotaría, pero la idea de emprenderlo solo era inconcebible, necesitaba un nuevo compañero.&lt;br /&gt;Libidus se levantó de su asiento y se dirigió a la puerta, pero antes de alcanzarla se detuvo unos instantes para estudiar su aspecto en un espejo de pared. Se alisó el cabello, se colocó el nudo de la corbata y sonrió.  “Estoy listo”,  pensó, y moviendo las caderas salió de su despacho.&lt;br /&gt;Caminó por el pasillo examinando las diferentes puertas. La mayor parte pertenecían a demonios de rango menor, y Libidus no se detenía en una segunda mirada.  Una puerta algo lejana le llamó la atención. Libidus leyó el rótulo, asintió con la cabeza y la abrió.&lt;br /&gt;- Hola, Avaris, ¿llego en mal momento? –le preguntó a un enorme demonio que se retorcía por el suelo. Libidus esperó a que se levantara para dirigirle una mirada anhelante.&lt;br /&gt;- Puedes ver que sí –le respondió Avaris mientras se volvía de nuevo a su escritorio, ignorando su presencia. Libidus observó el despacho escandalizado: un montón de papeles se entremezclaban y amontonaban por distintos lugares, ocultando el suelo excepto en una esquina, donde se podían apreciar algunos dibujos de brillo carmesí sobre un fondo negro. En el escritorio apreció más pilas de papeles y muchas luces encendidas. Además, una alarma insistente apagaba las quejas del demonio, cuyo rostro congestionado parecía a punto de estallar.&lt;br /&gt;- Si quieres puedo ayudarte –se ofreció Libidus; se apoyó en el marco de la puerta y le sonrió de la única forma que sabía y que, hasta el momento, siempre le había funcionado. Sin embargo, Avaris pareció malinterpretar sus intenciones y se dedicó a gritar y a lanzarle toda clase de improperios, a cada cual más humillante. Libidus huyó ofendido, con la cabeza erguida y los hombros caídos, cubriéndose con su capa bermellón que le protegía de las posibles miradas recriminatorias. Era inútil luchar contra los prejuicios que los demás se habían ido formando de él; se negaban a escuchar que las intenciones de sus Deseos eran concedidas por ellos mismos.&lt;br /&gt;Al fondo del pasillo divisó una figura conocida y se acercó para confirmar sus sospechas. “¡Temptatius!”, exclamó con una sonrisa, pero el demonio no lo escuchó. Parecía malhumorado y se dirigía con paso enérgico hacia su despacho. Libidus decidió acompañarle.&lt;br /&gt;Cuando entró en la oficina, Temptatius estaba anotando algo en un cuaderno. Después, reconoció su parpadeo y saltó sobre él justo a tiempo antes de desaparecer. Apareció abrazado a Temptatius, aunque su cuerpo y sus brazos eran tan ligeros que resultaban inadvertidos.  Decidió permanecer todavía en silencio para no desconcentrar al demonio,pues se encontraban en un lugar bastante elevado y, aunque nunca lo hubiera reconocido en público, Libidus tenía miedo a las alturas.&lt;br /&gt;Por fin llegaron a una especie de edificio blanco y Libidus, más relajado, desmontó de la espalda de Temptatius. Miró a su alrededor y descubrió, algo sorprendido, que Temptatius observaba a un ángel a través de él. Había olvidado retirarse la capa tras su huida, pero decidió no descubrirse todavía.&lt;br /&gt;Se giró y examinó al ángel, que se entretenía despreocupadamente en una esquina.  Percibió las intenciones de Temptatius y ahondó en la cabeza del ángel. “Así que ahí es donde fue a parar”, pensó con una sonrisa traviesa.&lt;br /&gt;6 meses antes, mientras revisaba en su despacho los destinos de sus encargos, descubrió que un Deseo se había extraviado. Lo buscó durante semanas, pero aunque recorrió todos los lugares habitables no logró encontrarlo. Al fin, tras comprobar que todo seguía su curso normal, pensó que era mejor no preocuparse. De todas maneras, un Deseo sin más era algo inútil, requería otros poderes para tomar alguna forma.&lt;br /&gt;Sonrió al descubrir la que habían otorgado al Deseo del ángel; aquello había  tenido que ser trabajo de Egolis, de eso no cabía duda. Era una lástima que no estuviera presente para contemplar el resultado de su tarea.&lt;br /&gt;Temptatius terminó su trabajo y pestañeó. Libidus saltó sobre su espalda, lo abrazó y ambos desaparecieron. Aterrizaron  en el despacho de Temptatius y Libidus se apresuró a salir antes de apartarse la capa.&lt;br /&gt;No tenía intención de volver a su despacho, al menos todavía. Caminó a lo largo del pasillo, pero una gran aglomeración frente a la puerta de Avaris le bloqueó el paso. Trató de hacerse espacio con pequeños empujones, pero los demonios, ante sus propósitos de avance, se giraban levemente hacia él y, cuando Libidus les regalaba alguna de sus codiciadas sonrisas, le devolvían el golpe; poco a poco, entre todos lo arrastraron hacia el exterior de la multitud.&lt;br /&gt;Volvió sobre sus pasos y entró de nuevo en el despacho de Temptatius, que parecía acabar de recibir una buena noticia.&lt;br /&gt;- Hola, Temptatius -le  saludó con una sonrisa; pero Temptatius ignoró sus tentativas de entablar conversación: le saludó con un gruñido sin apartar la vista, más que unos instantes, de la pantalla del ordenador.&lt;br /&gt;Libidus volvió hasta su despacho, arrastrando los pies. Cuando se encontraba prácticamente a la altura de la oficina de  Avaris, hizo ademán de vestirse la capa, pero los demonios se habían dispersado.&lt;br /&gt;Cuando entró en su oficina, espió de reojo su reflejo en uno de los espejos que inundaban la sala y enseguida comprendió. Se contempló durante unos minutos con mirada crítica, girando a menudo el cuello para observarse de espaldas. Su piel, antes  de un bermellón reluciente, ahora estaba salpicada de pequeñas manchas rosadas; su rostro albergaba algunos pliegues alrededor de las comisuras y bajo los ojos, que le devolvían una mirada compasiva. Al menos, su cabello parecía conservar intactosu espléndido color...&lt;br /&gt;Libidus se acercó más al espejo. Recogió entre sus dedos un pequeño mechón y fue liberando los cabellos poco a poco hasta retener uno solo. Lo arrancó y lo llevó a la luz. Después se arrastró hacia atrás, con aspecto asustado.&lt;br /&gt;Se sentó sobre el suelo y reflexionó; decidió que era un buen momento para tomarse un descanso. Salió del despacho y cerró la puerta, pero no giró la llave. Al fin y al cabo tampoco es necesario, pensó; luego se guardó la llave en un bolsillo.&lt;br /&gt;Advirtió movimientos inusuales entre los demonios. Parecían exaltados y, en muchos lugares, se podían observar pequeños grupos que discutían o escuchaban las noticias de algún mensajero. Libidus comenzó a acercarse con curiosidad a un grupo, pero sus pasos se hicieron cada vez más lentos y, al f inal, se detuvieron. Libidus descubrió horrorizado que, por primera vez, temía no ser bien recibido.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-5860276561049665553?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/5860276561049665553/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=5860276561049665553' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/5860276561049665553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/5860276561049665553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/12/libidus.html' title='Libidus'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-2965618898916968185</id><published>2008-12-17T03:04:00.001+01:00</published><updated>2008-12-17T17:54:17.710+01:00</updated><title type='text'>Umbralis</title><content type='html'>Umbralis se detuvo unos segundos en mitad del pasillo; rebuscó entre sus bolsillos laterales, en los delanteros, en los traseros y también en los interiores. Fue ahí donde encontró lo que buscaba: un papel bastante arrugado y de color antiguo, escrito con una tinta negra que ya había comenzado a perder su color.&lt;br /&gt;Umbralis lo leyó y continuó su camino con resolución. Cuando llegó a su destino, encontró la puerta cerrada. Ya había comenzado la reunión. Abrió la puerta con sigilo y se ocultó en un hueco libre cerca de la entrada.&lt;br /&gt;- Llegas tarde -le dijo el demonio vecino.&lt;br /&gt;Umbralis lo observó con paciencia; después, con disimulo, hurgó de nuevo en sus bolsillos hasta que encontró un largo papel que parecía una detallada lista de nombres y características. No tuvo que avanzar mucho en su lectura; ya entre los primeros encontró a su compañero.&lt;br /&gt;- He tenido problemas para encontrar el lugar -le explicó girándose hacia él amistosamente.&lt;br /&gt;- ¿Otra vez? -se sorprendió su amigo-. No me explico cómo todavía puedes perderte después de tanto tiempo.&lt;br /&gt;- Ya sabes... Mi memoria... -se disculpó brevemente.&lt;br /&gt;Su compañero bajó la vista visiblemente azorado. Un silencio incómodo se interpuso entre los dos, hasta que un demonio algo canijo abrió la puerta de entrada y se colocó a su lado. Umbralis lo examinó rigurosamente, dudando durante unos momentos si lo encontraría entre los nombres de su lista. Pero no, estaba seguro; aquel demonio era nuevo en la asamblea. Sin embargo, su apariencia le evocaba tiempos perdidos; Umbralis percibió que, en algún momento o lugar, habían sido compañeros... Aunque no sabría decir a ciencia cierta de qué tipo.&lt;br /&gt;Umbralis se removió ansioso en su silla, estaba deseando entablar conversación con aquel curioso personaje.&lt;br /&gt;Al terminar la reunión, Umbralis le tendió su mano amigablemente, aunque sintió cierto recelo al recibir la mano del otro, y se presentó. El otro demonio no correspondió a su cortesía. Se limitó a exponer su ausencia en posteriores ocasiones.&lt;br /&gt;- ¿En serio? -se limitó a contestar Umbralis algo distraído-. Es una lástima  -por un momento, un recuerdo antiguo pareció resurgir desde el fondo de sus ojos-. ¿Estás seguro de que no te interesa? Las reuniones son más amenas de lo que aparentan; y, después, solemos mantener largas conversaciones sobre nuestros soberbios pasados. Aunque yo... -el recuerdo se marchitó y expiró bajo una niebla espesa-. Yo ya no recuerdo a qué me dedicaba.&lt;br /&gt;Le supuso un gran trabajo pronunciar las últimas palabras. En realidad, a veces algún comentario especialmente irritante le evocaba mediante un escalofrío sus antiguas tareas, pero tan pronto como el escalofrío terminaba de recorrer su espalda, arrastraba esa sensación tras él. Algunos demonios veteranos pretendían saber quién fue, y aunque muchas veces había pretendido preguntarles, nunca recordaba su consulta cuando conversaba con ellos.&lt;br /&gt;- Dime, ¿a qué te dedicas? ¿Cómo te llamas? -le preguntó recuperando el sentido  de su conversación. Sin embargo, en lugar de la respuesta esperada, el demonio canijo se enfureció y de  pronto pareció menos insignificante. Una chispa inquieta se removió en los ojos de Umbralis, que probó a realizar otro intento en busca de su identidad.&lt;br /&gt;- Yo soy Egolis -le contestó con orgullo.&lt;br /&gt;Por fin, Umbralis lo reconoció. Habían sido compañeros de trabajo, un equipo compenetrado y temido en cualquier lugar que visitaban; si bien sus ocupaciones, a simple vista, no  parecían muy afines, quienes los habían sufrido reconocían a ambos como próximos. Sin embargo, no recordaba...&lt;br /&gt;- Y bien, ¿a qué te dedicas? -quiso saber Umbralis. Por un momento, creyó que su voz había delatado su inquietud, pero Egolis no prestó mucha atención a su tono de voz; le bastó con comprobar su ignorancia. Comenzó a chillarle en medio de la sala, atónito por sus palabras. Umbralis trató de calmarle, todavía no había terminado de conversar con aquel soberbio demonio. Pero sólo logró estimular la furia de Egolis, que sacudió su mano apaciguadora con un golpe rudo.&lt;br /&gt;Umbralis reconoció el escalofrío de su espalda. El manotazo de Egolis había sido más eficaz que una larga conversación, aunque todavía necesitaba otro pequeño zarandeo para avivar sus recuerdos latentes.&lt;br /&gt;Sin embargo, un demonio amigo al que Umbralis no reconoció se interpuso entre los dos, atenuando sus pobres esperanzas. Egolis pronunció con orgullo su nombre y, tras clasificar al inmenso grupo de ignorante, salió por la puerta entre murmullos acobardados. “¡Qué insolente!”, decían  algunos; otros, más precisos y acertados, afirmaban: “¡Qué engreído!”.&lt;br /&gt;Al oír ese comentario, Umbralis comprendió. Muchos recuerdos volvieron a sus ojos, que se encendieron acercándose desde la distancia y pronto se convirtieron en llamas poderosas que expulsaron el oscuro vacío que antes colmaba sus cuencas.&lt;br /&gt;“Egolis...”, saboreó; “sí, por supuesto...”. La inmensa alegría por recuperar sus memorias perdidas dio pronto paso a una furia ciega contra su antiguo compañero. Ni siquiera lo había reconocido.&lt;br /&gt;Habían trabajado durante siglos. ¿O eran milenios? Eso no lo recordaba. Pero se acordaba bien de él, de sus eternas conversaciones sobre sí mismo, su vanidad y su falso compañerismo. &lt;br /&gt;Umbralis sintió el peso de su propia impotencia al  recordar cómo había llegado sin memoria, hacía 6 siglos, a la reunión de demonios. Entendió muchas sonrisas disimuladas que en aquellos momentos le habían parecido inexplicables. En realidad, Umbralis reconoció que tenía cierta gracia si lo considerabas un momento. Ironis hacía bien  trabajo, nada se le podía reprochar.&lt;br /&gt;No ocurría lo mismo con Egolis,  sin embargo. Y ahora Umbralis recuperaría el tiempo perdido con aquel canijo arrogante.&lt;br /&gt;Voló tras él como Sombra, evitando cualquier mirada curiosa. Lo alcanzó poco antes de que llegara a su despacho y, aunque hacía  tiempo que no practicaba sus artes, le llevó poco tiempo envolverle en su manto invisible y extraviar sus escasas pertenencias. Lo persiguió hasta el que había sido el despacho de Egolis y se le escapó una sonrisa resignada al leer el nuevo rótulo de la entrada.&lt;br /&gt;Escuchó complacido la incomprensión de Egolis sobre su nueva situación de demonio nómada y aún se alegró más cuando observó cómo llegaba hasta el despacho de Temptatius sin que éste lo percibiera. De pronto ambos desaparecieron; Umbralis los divisó con sus ojos llameantes y voló tras ellos. Llegó a tiempo para contemplar a Egolis introduciendo su cabeza entre las piernas de Temptatius y, sin poder contenerse, profirió una gran carcajada.&lt;br /&gt;Cuando terminó, ambos se habían deslizado hasta un edificio cercano. Distinguió a los dos demonios en una esquina y percibió cómo Temptatius rescataba un Deseo de la cabeza de un ángel para depositarla entre sus pensamientos sencillos.&lt;br /&gt;Umbralis dirigió una mirada de desprecio a los dos demonios. ¡Ingenuos!, pensó; cómo si eso fuera suficiente para derribar la integridad de un ángel. Sin embargo, consideró la situación unos instantes y, al fin, decidió ayudarles. Voló sobre el ángel, apartó a un lado el Deseo y dejó caer un pequeño manto invisible sobre los demás pensamientos.&lt;br /&gt;Advirtió que los otros demonios ya habían marchado, pero resolvió no regresar al despacho de Temptatius. Egolis ya no era asunto suyo. Además, había recordado dónde se encontraba su propio despacho y debía volar pronto hacia él antes de perder otra vez la memoria de ese lugar.&lt;br /&gt;Dentro le esperaba una mujer demonio. Sólo la había visto una vez en toda su existencia, pero era difícil no saber su nombre, aunque debía pronunciarse con prudencia si no se quería provocar su ira. Y su furia era la más difícil de de combatir.&lt;br /&gt;- Has vuelto -le dijo con voz cantarina.&lt;br /&gt;- Sí -confirmó Umbralis-. He vuelto.&lt;br /&gt;- Te he esperado mucho tiempo -le recriminó la mujer. Umbralis permaneció en silencio, con los ojos ardiendo y los labios curvados en una ligera sonrisa-. Tienes mucho trabajo pendiente. Y supongo que sabrás que los ángeles se han declarado en huelga.&lt;br /&gt;- Lo sé -respondió Umbralis-. Y descuida... No volveré a fracasar.&lt;br /&gt;- Así lo espero -la demonio alzó los brazos y se envolvió con una inmensa y roja capa que se fundió en un humo con fragancia a rosas.&lt;br /&gt;Umbralis se sentó en la butaca al frente de su escritorio. Recorrió su superficie con una mirada satisfecha y rozó con sus manos el tapete negro que lo cubría, después encendió la lámpara, que lució con insistencia y acarició los folios que reposaban a su lado. Tendría que adaptarse a los nuevos tiempos y utilizar esas máquinas que había visto en los despachos de Temptatius y de Ironis. &lt;br /&gt;- Ordenadores -recordó complacido. De alguna forma, vinculó esa palabra con una idea que necesitaba escribir. Abrió los cajones, buscó en los armarios, vació estanterías. Por fin, encontró unos post-it en una papelera cercana a su despacho.&lt;br /&gt;Volvió hasta su escritorio y se apresuró a escribir: “Demonio del Olvido”; después lo pegó en el interior del bolsillo superior izquierdo de su traje oscuro.&lt;br /&gt;Ya está -declaró más tranquilo apoyando los pies sobre su escritorio-. Al menos de eso ya no me volveré a olvidar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-2965618898916968185?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/2965618898916968185/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=2965618898916968185' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/2965618898916968185'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/2965618898916968185'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/12/umbralis.html' title='Umbralis'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-3306401009836650216</id><published>2008-12-15T04:08:00.001+01:00</published><updated>2008-12-17T03:09:16.014+01:00</updated><title type='text'>Egolis</title><content type='html'>Egolis se alzó sobre su asiento y dirigió una mirada a su alrededor. Las antes vacías paredes se hallaban ahora cubiertas de diferentes ordenadores que le habían librado de la mayor parte de su trabajo. Su escritorio, en otro tiempo saturado de papeles y documentos, sólo albergaba una pantalla, un minúsculo teclado con 13 botones, cada uno con su propia función, y una pequeña lámpara fucsia que irradiaba luces y sombras por toda la sala.&lt;br /&gt;El despacho, de grandes dimensiones, presentaba una vista despejada que no acababa de convencer a Egolis. Prefería, pensó, las antiguas montañas caóticas dispersadas por el suelo de la habitación; el  aspecto actual le confería un cariz frívolo que le producía una sensación extraña que, desde hacía unos pocos meses, comenzaba a resultarle algo molesta.&lt;br /&gt;Lo alarmante es que, hacía unos días, había empezado a afectar a su comportamiento. Pasaba menos tiempo en el despacho, hablaba más con otros demonios... Esa misma mañana se había sorprendido ofreciendo su ayuda a Avaris cuando organizaba su despacho y él había respondido cerrándole la puerta. Fue en ese momento cuando Egolis comprendió su error.&lt;br /&gt;Sin embargo, de vuelta en su despacho, la sensación persistía y le incitaba a salir, a explorar nuevas experiencias.&lt;br /&gt;Egolis resopló con hastío y saltó de su asiento. Caminó lentamente hacia la puerta, murmurando palabras inaudibles entre dientes. Alzó el brazo hacia el pomo, mientras recordaba que el despacho seguía sin ser adaptado a sus medidas.&lt;br /&gt;El pasillo estaba vacío, pero escuchó voces debilitadas por la distancia. Poco después, el eco de un escandaloso aplauso le ayudó a encontrar al gentío.&lt;br /&gt;“Ah, sí”, pensó; “la reunión de demonios”. Había recibido, como todos, el panfleto que anunciaba la asamblea, pero no le había prestado mucha atención. Las multitudes nunca le habían interesado. Sin embargo, abrió la puerta y se confundió entre la muchedumbre; incluso se atrevió a dar alguna pequeña palmada simulando un aplauso, pero nadie pareció reparar en su presencia. Egolis hinchó el pecho y giró la cabeza de un lado a otro; después, se enderezó sobre la silla y buscó, entre los hombros de los demonios que le ocultaban la vista, el objeto de su atención.&lt;br /&gt;Por fin, reconoció a Temptatius al fondo de la sala, sobre el estrado. Otro demonio, desconocido para Egolis, pero que evidentemente ostentaba un rango superior entre los presentes, le colocaba una placa sobre el pecho. El auditorio estalló de nuevo en aplausos; Egolis se agarró con fuerza a los posabrazos para no rebotar sobre su asiento. Empezaba a sentirse algo incómodo; irritado.&lt;br /&gt;Cuando el aplauso terminó, los demonios se levantaron y saludaron a sus vecinos.&lt;br /&gt;Egolis observó la mano huesuda que le tendía aquel sombrío demonio. Su piel, en lugar de las diferentes tonalidades de rojo que solían exhibir los demonios, era atezada, un poco sucia y apagada. Con ciertas reservas, Egolis estrechó su mano.&lt;br /&gt;- Hola -le dijo con voz ronca y siniestra -. Me llamo Umbralis -sus labios se entreabrieron en lo que parecía una sonrisa cavernosa-. Eres nuevo por aquí, ¿verdad? Llevo 6 siglos en el grupo y nunca te había visto.&lt;br /&gt;- Pues sí -respondió Egolis mientras dudaba si limpiarse la mano-. Y lo cierto es que no creo que vuelva.&lt;br /&gt;- ¿En serio? -los extremos de las cuencas de sus ojos se giraron hacia abajo-. Es una lástima -guardó silencio unos segundos; en el fondo de las cavidades se encendió una pequeña chispa de luz muy lejana-. ¿Estás seguro de que no te interesa? Las reuniones son más amenas de lo que aparentan; y, después, solemos mantener largas conversaciones sobre nuestros soberbios pasados. Aunque yo...-las cuevas de sus ojos se nublaron con una espesa bruma-. Yo ya no recuerdo a qué me dedicaba.&lt;br /&gt;Las últimas palabras las había pronunciado en voz baja, casi en un susurro, y su voz, ya de por sí grave, había resonado en los oídos de Egolis como las notas de un contrabajo. Miró hacia la puerta y calculó el tiempo que tardaría en alcanzarla.&lt;br /&gt;- Dime, ¿a qué te dedicas? -le preguntó Umbralis-. ¿Cómo te llamas?&lt;br /&gt;Egolis detuvo sus pensamientos de huida y observó fijamente a su adversario.&lt;br /&gt;- ¿Cómo? -preguntó asombrado-. ¿No sabes quién soy?&lt;br /&gt;- ¿Cómo podría saberlo? -Umbralis frunció sus puntiagudos hombros-. Todavía no has mencionado tu nombre.&lt;br /&gt;Egolis titubeó, buscando alguna incongruencia en su respuesta, pero no logró encontrar ninguna.&lt;br /&gt;- Yo soy Egolis -se irguió en su escasa estatura y sumergió sus ojos en la profundidad de los de Umbralis. La luz que antes había descubierto en ellos se movió ligeramente; Egolis comprobó, bastante sorprendido, que parecía divertirse.&lt;br /&gt;- Y bien, ¿a qué te dedicas? -inquirió con otra de sus tenebrosas sonrisas.&lt;br /&gt;- ¡Qué insolencia! -bramó Egolis mientras sus mejillas se volvían cada vez más oscuras-. ¡Fingir que no sabe quién es Egolis!&lt;br /&gt;- Perdona mi ignorancia, amigo -Umbralis palpó su hombro con pesar, pero Egolis la espantó de un manotazo.&lt;br /&gt;- ¿Qué sucede, Umbralis? -preguntó un demonio cercano-. ¿Quién es tu combativo amigo?&lt;br /&gt;- Soy Egolis -clamó-. Y vosotros, me parece, sois un montón de demonios ignorantes.&lt;br /&gt;Después, Egolis recorrió con dignidad el camino hasta la puerta, con la vista al frente, mientras escuchaba con satisfacción algunos murmullos sobre su identidad. Se dirigió hacia su despacho con paso rápido, tropezando de vez en cuando con demonios que simulaban no verle.&lt;br /&gt;La puerta estaba abierta. Se detuvo en el umbral y miró con precaución el interior del despacho. Un demonio dormitaba sobre el escritorio mientras su fornida secretaria disponía los archivos en los armarios y cajones, previamente vaciados.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa aquí? ¿Qué hacéis con mi despacho? -les interrogó ansioso.&lt;br /&gt;- Por favor, baje la voz -le respondió la secretaria sin detenerse en su tarea.&lt;br /&gt;- Exijo que me deis una explicación -rogó Egolis con patente tormento.&lt;br /&gt;La secretaria, al  fin, interrumpió su trabajo y le miró por debajo de sus gafas estrelladas.&lt;br /&gt;- ¿Quién es usted? -le preguntó examinándolo con la mirada.&lt;br /&gt;- Soy Egolis y soy el dueño de este despacho -explicó con orgullo.&lt;br /&gt;-¡Ah! -la secretaria pareció  entender-. Lo siento, pero este despacho ahora pertenece al señor Ironis -y tras esas palabras, continuó su  labor.&lt;br /&gt;Egolis, confundido, contempló la placa de la puerta: sus antiguo letrero con su nombre en letras gigantescas había desaparecido; en su lugar habían colocado un modesto rótulo que rezaba “Ironis”.&lt;br /&gt;Egolis se giró y caminó con paso lento a lo largo del pasillo. Un demonio ciego de ira tropezó con él sin disculparse; sólo al darse la vuelta lo reconoció como Temptatius y, aunque desconocía el motivo, eso le enfureció. Sin embargo, cuando después de varias horas lo vio salir de su antiguo despacho, decidió  seguirlo.&lt;br /&gt;Entró en el despacho de Temptatius tras él, que no pareció percibir su presencia. Lo observó mientras se apresuraba recogiendo datos del ordenador; después, guiñó los ojos y desapareció. Egolis dio un salto y desapareció también.&lt;br /&gt;Aparecieron en una superficie circular. Temptatius invadía prácticamente la totalidad del círculo y Egolis se vio obligado a propinarle un ligero empujón, pero los pies de Temptatius, aunque parecían decididos a dar algún paso, se encontraban fuertemente arraigados. Egolis decidió encogerse tras él.&lt;br /&gt;El círculo se movió de repente y Egolis espió entre sus piernas para conocer su destino.&lt;br /&gt;Llegaron a un edificio blanco y esponjoso y una puerta se abrió ante ellos. Egolis entró tras Temptatius y no se molestó en mirar a su alrededor. No era la primera vez que se encontraba en esa zona.&lt;br /&gt;Comprobó que Temptatius parecía interesado en un ángel que se hurgaba el cabello en una esquina y, tras concentrarse durante unos segundos, lo reconoció. Egolis se rió con gusto, aunque nadie se percató de ello. Aquel ángel había sido uno de sus mejores trabajos; le había costado introducir el Deseo en aquella cabecita ingenua, aunque sabía que eso no sería suficiente para que el ángel sucumbiera. Se necesitaba un demonio como Temptatius para que ese Deseo flotara entre los pensamientos más superficiales y el ángel, por fin, se abandonara a él.&lt;br /&gt;Egolis confirmó sus ideas al observar que el ángel se había dado un tirón en el cabello, aunque el movimiento había  resultado casi imperceptible.&lt;br /&gt;Después, Temptatius parpadeó y desapareció de nuevo; Egolis dio  un salto y lo persiguió hasta su despacho. Temptatius se sentó en su sillón con aspecto relajado y satisfecho mientras él deambulaba por el despacho, curioseando en los armarios y cajones sin que el otro demonio se diera cuenta.&lt;br /&gt;Al cabo de media hora, otro demonio abrió la puerta y le entregó un comunicado a Temptatius. Egolis se situó a su lado y, de puntillas, leyó la noticia por encima de su hombro. Los ángeles se habían declarado en huelga, aquejados de exceso de trabajo.&lt;br /&gt;Observó a Temptatius. En poco tiempo, ese nombre recorrería los infiernos y se convertiría en un demonio temido y admirado. &lt;br /&gt;Sin embargo, Egolis vagaría como sombra de otros demonios, sin residencia, sin identidad; sin nadie que reconociera sus trabajos y recordando que su nombre, en otro tiempo el más venerado y glorioso, ahora era ignorado por todos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-3306401009836650216?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/3306401009836650216/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=3306401009836650216' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/3306401009836650216'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/3306401009836650216'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/12/egolis.html' title='Egolis'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-2166600249335713153</id><published>2008-12-13T19:25:00.001+01:00</published><updated>2008-12-13T19:27:11.291+01:00</updated><title type='text'>Avaris</title><content type='html'>Había oído hablar de la reunión de demonios, pero Avaris no tenía tiempo para eso. El trabajo se acumulaba sobre su escritorio y, desde hacía unos meses, también sobre las estanterías y cajones abiertos; las últimas semanas había empezado a cubrir el suelo, por lo que Avaris fue sorteando los papeles apilados hasta llegar a su sillón. Dio un manotazo al montón de hojas que descansaba sobre él y se sentó.&lt;br /&gt;Miró a su alrededor intentando decidir por qué impresos empezar, pero todos parecían igual de sugerentes. Por fin, cogió los que yacían desparramados a sus pies y los hojeó. Eran casos sin sustancia, unos de tantos; tecleó algo en el ordenador, abrió un cajón y aplastó su contenido para hacer sitio a los nuevos documentos. Cuando comprobó que su esfuerzo era en vano, se levantó y se dirigió a un armario. Las puertas, a medio cerrar, ocultaban cajas y dosieres llenos de más encargos.&lt;br /&gt;Avaris se enfureció. Hacía mucho tiempo que había solicitado un nuevo despacho, con más espacio y muebles para archivar sus casos, que cada día eran más numerosos. Pero no sólo se lo habían negado, sino que le habían recomendado triturar los registros antiguos, o incinerarlos, o destruirlos de la forma más cómoda. ¡Destruir sus archivos! Avaris nunca había escuchado una necedad semejante.&lt;br /&gt;Para mayor ultraje, el despacho al que él aspiraba le había sido concedido a Ironis, un demonio somnoliento que relegaba su trabajo en sus discípulos y en máquinas poco  competentes; aún así, Avaris prefería no enfrentarse a Ironis, pues aunque parecía dormido la mayor parte del tiempo, solía ser bastante sagaz en sus respuestas, por lo que era mejor no desafiarle en público.&lt;br /&gt;Avaris empujó los documentos dentro  del  armario, entre varias carpetas, y lo cerró rápidamente, pues había  observado un movimiento inusual que prefería no comprobar.&lt;br /&gt;De pronto, el armario abrió sus puertas y desparramó su contenido sobre el suelo, ya saturado, de forma implacable. Avaris, conteniendo un gemido y con los ojos desorbitados, contemplaba impotente su trabajo de décadas diseminado por el  suelo.&lt;br /&gt;- ¿Qué es ese estruendo? -preguntó Egolis abriendo la puerta.&lt;br /&gt;- ¡Nada! ¡No es nada! ¡No te metas en mis asuntos! -gritó Avaris mientras se lanzaba sobre las hojas y las recogía acunándolas.&lt;br /&gt;- ¿Estás seguro? -preguntó ansioso Egolis-. Puedo ayudarte si quieres. Mi despacho está siempre muy vacío y últimamente he empezado a pensar que no me vendría mal un poco de compañía... de vez en cuando.&lt;br /&gt;-¡Muy bien! ¡Muy bien! ¡Haz lo que quieras, pero no toques mis papeles!&lt;br /&gt;Avaris alejó los documentos de los pies de Egolis y luego cerró  la puerta.&lt;br /&gt;Al contemplar el escenario devastado en que se había convertido  su despacho, los ojos se le nublaron y se enjugó el sudor que le empañaba la frente. Se sentó en el suelo, decidido a ordenar cuidadosamente todo aquel papeleo. Mientras clasificaba los impresos, las luces de su escritorio comenzaron a encenderse de forma intermitente; poco después, las sirenas hacían lo mismo.&lt;br /&gt;Avaris intentó acompasar su respiración entrecortada, pero sólo logró agotarse y agrietarse la lengua reseca. Gateó hasta el escritorio, tanteó la superficie buscando un botón y más papeles saltaron y aterrizaron sobre los que ya reposaban en el suelo. Avaris se  detuvo, retando con la mirada a los recientes documentos caídos.&lt;br /&gt;- Hola, Avaris. ¿Llego en mal momento? -preguntó Libidus desde la puerta. Cuando Avaris se giró hacia él, le lanzó una mirada pícara.&lt;br /&gt;- Puedes ver que sí -respondió Avaris irguiéndose. Libidus se rió enseñando su dentadura inmaculada, que resaltaba el bermellón impecable de su piel. Se apoyó con el antebrazo en el marco de la puerta, mientras su otra mano descansaba  sobre su cadera.&lt;br /&gt;- Yo podría ayudarte -le insinuó guiñando un ojo.&lt;br /&gt;Avaris permaneció unos segundos en silencio, perplejo.&lt;br /&gt;-¡Adónde vamos a parar! -chilló-. ¡Ya ni se respetan los demonios entre sí!&lt;br /&gt;Avaris continuó profiriendo gritos, mientras circulaba de un lado a otro de su  despacho tropezando y dando puntapiés a sus archivos.&lt;br /&gt;Otros demonios se pararon en la puerta, atónitos ante el patente desequilibrio de Avaris. Decidieron llamar a un médico.&lt;br /&gt;Al cabo de 13 minutos, el doctor se  abrió paso entre el gentío, entró en el despacho y cerró la puerta tras de sí. Al  poco,  salió y los demás le detuvieron acosándole  a preguntas. El médico rogó silencio con las manos y después aclaró:&lt;br /&gt;- Necesita descanso. El señor Avaris tiene un cuadro de estrés provocado por exceso trabajo. Sin embargo...-el doctor miró a un lado y a otro-. Sin embargo, mi sugerencia de abandonar su trabajo, temporalmente por supuesto, y dejarlo en manos de otros menos ocupados, no fue muy bien recibida... Ha punto he estado de provocar una desgracia -gimoteó el médico buscando compasión-; señores, ha sido necesaria toda mi habilidad para reanimarlo de la impresión. Por tanto, les suplico que no molesten al señor Avaris. Aún le queda mucho por hacer para lograr ponerse al  día.&lt;br /&gt;- Doctor... -una voz le llamó  desde el fondo-. Los ángeles se han declarado en huelga.&lt;br /&gt;El médico miró con compasión la puerta de Avaris unos segundos.&lt;br /&gt;- ¡Por todos los diablos! -chilló-. Ya no hay salvación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-2166600249335713153?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/2166600249335713153/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=2166600249335713153' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/2166600249335713153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/2166600249335713153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/12/avaris.html' title='Avaris'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-8246836581177860709</id><published>2008-12-12T20:25:00.000+01:00</published><updated>2008-12-12T20:35:21.902+01:00</updated><title type='text'>El encargo</title><content type='html'>Una secretaria fornida elevó sus ojos hacia él por encima de sus gafas estrelladas, increpándole con la mirada.&lt;br /&gt;- Buenas tardes –murmuró Temptatius a regañadientes; luego se dirigió a la gran puerta caoba del fondo de la sala.&lt;br /&gt;- Perdone –dijo la secretaria con voz aguda-. Perdone –repitió plantándose frente a él-. El señor Ironis está muy ocupado ahora mismo, ¿tiene usted cita previa?&lt;br /&gt;- Tengo un asunto urgente que hablar con él -respondió Temptatius esquivando la pregunta.&lt;br /&gt;- Si no tiene usted cita previa no puede pasar -aseguró ella; y apretando un botón situado sobre su escritorio hizo desaparecer el pomo de la puerta caoba.&lt;br /&gt;- Muy bien...-Temptatius respiró profundamente un par de veces-. Me gustaría pedir una cita con el señor Ironis -mostró una sonrisa de encías sangrientas y dientes afilados y carcomidos.&lt;br /&gt;- Rellene ese formulario y espere a que le llamemos -y le mostró una alta pila de papeles acomodados en una esquina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temptatius cogió el formulario con sus gruesas manos: 66 folios mecanografiados donde se solicitaban diversos datos, incluida una pequeña redacción sobre el motivo de la cita. Diligentemente, comenzó a rellenarlos con su pluma marfileña de tinta carmesí.&lt;br /&gt;A las 6 horas y 6 minutos, Temptatius se levantó y se dirigió hacia el escritorio de la secretaria, con una nueva sonrisa más pacífica que la anterior.&lt;br /&gt;- Terminé la solicitud -le explicó-, pero creo que ya no necesito la cita. Mi enfado se ha disipado con tanto papeleo.&lt;br /&gt;- ¡Qué lástima! - exclamó la secretaria abriendo los ojos de forma excesiva-. Precisamente ahora existe un hueco en el ajetreado horario del  señor Ironis.&lt;br /&gt;Temptatius  vaciló unos segundos, reprimiendo su ira renovada.&lt;br /&gt;- ¿Puedo pasar entonces? -confirmó mientras se dirigía a la puerta caoba, que todavía carecía de pomo; sin embargo, pronto comprobó que resultaba innecesario, pues la puerta se abrió a su paso.&lt;br /&gt;Halló a Ironis cabeceando sobre su escritorio, que abarcaba la mayor parte de la sala; una gran maquinaria cubría las paredes y parecía trabajar al máximo rendimiento, aunque el destino de sus productos parecía más lejano de lo que la máquina aparentaba alcanzar.&lt;br /&gt;- Buenas tardes -saludó Temptatius.&lt;br /&gt;Ironis se movió ligeramente al otro lado de la mesa y gruñó algunos sonidos a modo de bienvenida.&lt;br /&gt;- ¿Qué haces tú por aquí? ¿No tienes ningún encargo? -le increpó.&lt;br /&gt;- Supongo que sí... Tú deberías saberlo -Ironis no realizó ninguna señal de comprensión-. Tú me mandaste el encargo -le acusó con un dedo desafiante.&lt;br /&gt;- Es posible... No pretenderás que recuerde todos mis trabajos -le recordó las máquinas que cubrían su despacho con un gesto vago de su mano izquierda-. Aún así, deberías comprobar ese aviso; ¿sabes? Los mensajes son reales, aunque a menudo el momento o el lugar de recibo resulten... incómodos.&lt;br /&gt;- ¿Quieres decir que tengo trabajo? ¿En serio? -preguntó Temptatius entre sorprendido y halagado.&lt;br /&gt;- Lo que me sorprende es que la curiosidad todavía no te haya dominado -musitó Ironis-. ¿Por qué no vuelves a tu despacho y compruebas esa llamada? Como ves, yo tengo mucho trabajo que hacer aquí -explicó con un bostezo.&lt;br /&gt;Temptatius se dio la vuelta. A punto de abandonar el despacho, oyó unos ruidos extraños y giró la cabeza a tiempo para observar a Ironis lanzando juramentos contra la máquina, que al parecer había decidido tomarse un descanso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Temptatius volvió a su despacho. La luz de la bombilla todavía llameaba con fuerza, iluminando de granate la habitación. Encendió la pantalla que cubría la pared derecha y apuntó los datos. Después, con un parpadeo de sus ojos sangrientos, desapareció.&lt;br /&gt;Su figura resurgió en medio de una nada azul claro, aunque comprobó que bajo sus pies se había formado una circunferencia de una materia sin tacto, blanca y de aspecto esponjoso. Probó a dar un paso hacia delante, pero sus pies permanecían enganchados en aquella especie de algodón; sin embargo, la circunferencia pareció entender sus deseos y le llevó hacia un edificio de grandes dimensiones formado por la misma materia. Cuando estuvo a una distancia adecuada, una puerta apareció de la nada frente a él y Temptatius entró en la habitación, que se iluminó con el primer paso.&lt;br /&gt;En una esquina encontró al individuo que buscaba: un ángel bajito y de mirada viva, que se entretenía en una esquina jugando con sus bucles dorados.&lt;br /&gt;Temptatius cerró los ojos y se concentró. Profundizó entre aquella superficie de pensamientos fáciles, pacíficos y un tanto pueriles y, por fin, después de una larga búsqueda, encontró lo que buscaba. Temptatius abrió los ojos y en su rostro se encendió una sonrisa aviesa; poco después, estallaba en una perversa carcajada.&lt;br /&gt;Temptatius soltó al Deseo de sus resistentes amarras y lo llevó a la superficie de pensamientos pacíficos. En ese momento, la mano del  ángel pareció dudar entre los rizos y dio un pequeño tirón. Después siguió mesándose el cabello durante algunos minutos, pero a cada instante parecía más nervioso.&lt;br /&gt;Por fin, se dio la vuelta y salió de la sala atravesando la pared. Temptatius pestañeó para volver a su despacho. Comprobó que la bombilla ya no lucía y se sentó en la butaca, respirando los momentos de tranquilidad y descanso que aún le sobraban. Sabía que pronto volvería a tener más encargos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Media hora más tarde, leyó el comunicado de la prensa: los ángeles, después de incalculables años sometidos a un trabajo que calificaban como inabarcable, se habían declarado en huelga.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-8246836581177860709?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/8246836581177860709/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=8246836581177860709' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8246836581177860709'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8246836581177860709'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/12/el-encargo.html' title='El encargo'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-2876037069560478897</id><published>2008-12-10T17:20:00.000+01:00</published><updated>2008-12-10T17:21:38.171+01:00</updated><title type='text'>Ironis</title><content type='html'>¡Aleluya! fue la última palabra que escuchó Temptatius antes de salir cabizbajo por la puerta. Tuvo que soportar aún algunos apretones de manos desconocidas que pretendían aliviar su pesadumbre y reconfortarlo. Todavía ostentaba la placa de los 15 meses en su pecho desnudo.&lt;br /&gt;Consiguió alcanzar la puerta de su despacho y la cerró lentamente tras de sí. Contempló con nostalgia la mesa de estilo gótico que presidía la sala y el sillón de orejas que se elevaba tras ella, todo envuelto en aquel vivo color escarlata. Sobre la mesa, una bombilla granate parecía dormir desde hacía mucho tiempo; el polvo se había acumulado sobre ella en algunas formas estrambóticas. Temptatius se acercó y le pasó la mano por encima para quitarle el polvo; luego se agachó y miró extrañado el interior de la bombilla, donde una pequeña luz parecía dudar antes de encenderse completamente. Temptatius dio un respingo, mientras una pequeña sonrisa iba cubriendo sus horrorosas facciones. Sin embargo, al volver a mirar hacia abajo, sus ojos tropezaron con la placa que cubría su pecho y leyó su inscripción con impotencia: “15 MESES SIN DEMONIZAR”.&lt;br /&gt;Se dejó caer sobre el sillón y se cubrió el rostro con las manos. Miraba horrorizado la bombilla, que ahora lucía provocadora, entre las rendijas de sus dedos. “No puede ser, es imposible”, murmuró entre dientes; pero aquella luz desafiaba todas sus posibilidades. “Es injusto”, gimoteó; “es... es...”. De pronto, enfurecido, se levantó de su asiento, empujó la puerta del despacho y recorrió el largo pasillo hasta que encontró la puerta que buscaba. “Ironis”, rezaba el rótulo. “Sí, eso tiene que ser”, confirmó Temptatius. “El único demonio que todavía necesita secretaria para cumplir los plazos”.&lt;br /&gt;Y Temptatius abrió la puerta para enfrentarse a él.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-2876037069560478897?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/2876037069560478897/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=2876037069560478897' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/2876037069560478897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/2876037069560478897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/12/ironis.html' title='Ironis'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-4821524036351580681</id><published>2008-11-26T23:55:00.000+01:00</published><updated>2008-12-12T20:36:18.435+01:00</updated><title type='text'>Los anónimos</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Hola, me llamo Temptatius y soy un demonio.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Hola, Temptatius – le corearon todos los presentes. Los miró con desconfianza, sintiéndose por primera vez descubierto ante un auditorio extraño. El estómago se le revolvió, se le nubló la vista y una voz le sostuvo un segundo antes de tambalearse: “Cuéntanos por qué estás aquí”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Bueno… Yo…- carraspeó para dominar aquella sensación desconocida que le erizaba la espalda-. Realmente no sé por dónde empezar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Tranquilo. Todos hemos pasado por lo mismo. Tenemos todo el tiempo del mundo; puedes tomarte el que necesites para explicarnos tu historia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Temptatius trató de hacer memoria y comenzó:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Yo antes era un demonio feliz. Al menos eso recuerdo, hace ya tanto tiempo… Sólo con echar un vistazo a una persona descubría cuáles eran sus más recónditos deseos, aquellos que ni ellos mismos se hubieran reconocido, y se los susurraba al oído; sentía el temblor de sus labios, el batir de sus párpados, el rubor de sus mejillas...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&gt;&gt; Tuve grandes éxitos, ¿sabéis? Algunas de las más nombradas guerras llevan mi nombre. Recuerdo que una vez incité a un pobre chico a robarle la mujer a un rey; hubo una gran guerra por esa causa en la que murieron miles de personas… Es curioso que no me acuerde de sus nombres… En fin, eso ocurrió hace mucho tiempo… - miró a la concurrencia buscando su admiración, pero sólo encontró expectación en sus miradas. Se recompuso y probó un nuevo intento- Bueno, también he realizado aportaciones eficaces en los últimos tiempos. Recuerdo haberle susurrado a un presidente de gobierno algo sobre la falda de su secretaria –el público se animó un poco-. Sin embargo… - Temptatius cerró los ojos para que nadie se percatara de que estaban empañados, pero no pudo evitar que su voz se quebrara un poco-. Últimamente tengo la sensación de llegar tarde siempre. Mis esfuerzos son inútiles. Tengo la impresión de que ya no quedan deseos perversos en el interior de las personas… No sé si me explico –buscó algún signo de asentimiento entre el público, pero sólo halló perplejidad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&gt;&gt; En fin… Quiero decir que…- buscó las palabras entre su espeso vocabulario- las personas ya no necesitan mi ayuda para cumplir sus deseos. Mire donde mire, sólo encuentro crueldad, violencia, intolerancia… Pero, sobretodo, indiferencia-. Temptatius inspiró profundamente-. Con eso ya no puedo trabajar.- Alzó los ojos con pesadumbre y, ahora sí, encontró compasión.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Por eso yo digo: ¡abajo los demonios! &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Sí! ¡Abajo los demonios! – gritó el resto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Otro demonio se levantó entre el público y se acercó al estrado. Todos guardaron un silencio ceremonioso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Tenéis razón, compañeros. El trabajo de demonio está superpoblado y ahora mismo resulta improductivo. Por eso estamos aquí reunidos. Necesitamos un cambio.- se giró hacia Temptatius y continuó hablando-. Temptatius ha dado un gran paso. Hoy es su 15º mes sin ejercer de demonio. Por eso vamos a celebrarlo – como una ola, algunos gritos del fondo comenzaron a propagarse. Intentó apaciguarlos con enormes ademanes-. Pero primero vamos a entregarle a Temptatius la placa Pichurri… - Observó algunas miradas interrogantes y aclaró: “la de los 15 meses”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-family:Times New Roman,serif;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Un estrenduoso aplauso hizo estallar el suelo. Temptatius, orgulloso, enseñó su insignia a los demás asistentes.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-4821524036351580681?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/4821524036351580681/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=4821524036351580681' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/4821524036351580681'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/4821524036351580681'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/11/los-annimos.html' title='Los anónimos'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-8379478089260310837</id><published>2008-11-26T16:07:00.001+01:00</published><updated>2008-11-26T16:07:47.788+01:00</updated><title type='text'>El flautista</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Yo antes era el alcalde de esta ciudad. Y he de confesar, sin que ello parezca algún tipo de vanidad, que era una ciudad hermosa a su manera. Las calles, si no cubiertas de adoquines, al menos lo estaban de un gentío feliz al que tampoco parecía importarle los muros cuarteados ni las casas medio derruidas que atestaban esta localidad. Pero eso era antes de que todas las falacias que se han ido pregonando últimamente ahondaran en el espíritu de mis ciudadanos y me despojaran de mi cargo, arrojándome a la inmundicia y la miseria.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Todo empezó el día que aquel canijo llegó a mi pueblo. He tenido que escuchar durante los últimos meses embustes cada vez mayores sobre la fisonomía de ese personaje: unos recuerdan a un tipo alto y enjuto, otros añaden un aire taciturno; ¡incluso hay algún osado que lo ha calificado de atractivo! Nada más lejos de la realidad. Oídme bien: el hombre que aquel día llamó a mis puertas no era más que un enano, con una cara boba y amoratada que señalaba a todas luces la procedencia de su estupidez. Sostenía en sus manos un objeto que en otros tiempos debía haber sido una flauta, y se ofreció para librarme de una hipotética plaga de ratones que asolaba la ciudad. Lo despaché deprisa y sin muchos miramientos, tenía otros asuntos más importantes de los que ocuparme.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;La siguiente noticia que tuve de aquel lunático fue unos días después, cuando me enteré de que lo habían arrestado por provocar disturbios. Según mis fuentes de información, el pobre hombre iba brincando por las calles mientras silbaba algunas notas discordantes, algunas veces con su vieja flauta, y de vez en cuando se agachaba para introducirla por las alcantarillas buscando, supongo, las ratas que estaban arrasando nuestra ciudad.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Fui a verlo a la celda. Lo encontré sentado y tembloroso en una esquina, con la mirada fija en la pared de enfrente; de pronto se levantó y saltó sobre la cama, profiriendo gritos aterrorizado. Decía haber visto ratones a través de unos agujeros en la pared. Me dio tanta lástima que di orden de que lo liberaran y que, de paso, le sirvieran un vaso bien cargado de alguna bebida fuerte.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Sin embargo, en  cuanto se abrieron suficiente las puertas de la celda, aquel desgraciado salió corriendo, se escurrió entre los guardias de la entrada y comenzó a gritar por las calles, sacudiéndose monstruos invisibles de la ropa y del cabello. Los niños, que jugaban en el parque de enfrente, se acercaron al hombre extraño y gracioso, riéndose y mofándose; ante aquellas burlas pueriles, aunque no por ello desprovistas de crueldad, el hombre agarró su flauta, se la acercó a la boca y podría jurar que de ella salió el sonido más agudo y sobrecogedor que he escuchado jamás. Después, huyó desesperado hacia la salida del pueblo, cruzó el río y se adentró en el bosque, siempre seguido de aquel corrillo infantil que no parecía dispuesto a abandonar a un individuo tan entretenido.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Lo que ocurrió después, nadie lo sabe. Pero transcurrieron las horas y los niños no volvieron; ni aquel día, ni al siguiente. Todavía algunos tienen la esperanza de que, quizás, vuelvan alguna vez.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Al poco tiempo, rumores extraños llegaron hasta la alcaldía y comencé a encontrar rostros huraños. Tuve que buscar un aplomo del que carecía para hacer frente a los comentarios sobre mi avaricia, mi soberbia y mi falta de gratitud hacia aquel hombre que me había ofrecido sus servicios, pues era indudable la ausencia de ratones por las calles de la ciudad. Creo que fue en aquel momento cuando comencé a gritar y a jurar como una persona que ha perdido definitivamente el juicio.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Me relegaron de mi cargo y, con el tiempo, perdí mi casa. Aproveché mi nueva situación de viandante persistente para indagar los alrededores. Un día que caminaba por la orilla del río encontré junto a una roca una flauta bastante podre. La rescaté de la crueldad de las aguas y la guardé en un bolsillo de mi chaqueta. Desde entonces la llevo conmigo. A veces, cuando la miro, me pregunto qué fue de ese infeliz.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Y me sorprendo recordándolo al igual que otros como “el flautista”, cuando, si hay una cosa cierta, es que aquel canalla no había tenido en su vida ni una sola noción de solfeo.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-8379478089260310837?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/8379478089260310837/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=8379478089260310837' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8379478089260310837'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8379478089260310837'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/11/el-flautista.html' title='El flautista'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-7703494779726331235</id><published>2008-11-26T16:03:00.000+01:00</published><updated>2008-11-26T16:06:35.159+01:00</updated><title type='text'>Ejercicio Millás</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Cuando llegué al despacho después de comer, encontré un sobre mi mesa. Lo abrí y volqué su contenido: “5:30 convergencia Islas Filipinas – Julio Casares” , decía una nota; encontré una cuartilla mecanografiada, supongo que con algunos datos del sujeto, y una foto adjunta para facilitar el proyecto. Se trataba de un hombre maduro, algunas mechas canas se entremezclaban con su cabello azabache dándole un aire distinguido. “Un hombre con clase”, pensé. No me gustaba aquel tipo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Me presenté a la hora señalada; dejé el coche al otro lado de la calle en punto muerto, dispuesto a seguir a mi objetivo en cuanto lo tuviera a la vista. Había colgado su foto del espejo retrovisor, y comparaba aquel rostro con el de los hombres que abandonaban la consultoría donde trabajaba el individuo. La cuartilla con sus datos me acechaba desde el asiento del copiloto, pero me había negado a leer sus referencias para evitar los prejuicios; ni siquiera había mirado cuál era su nombre.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;A las 6 en punto mi objetivo abandonó por fin la consultoría con aire jovial. Me sorprendieron su energía lozana y su autoridad; chasqueé la lengua con desagrado y comencé a seguir su coche a una distancia prudencial.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Lo seguí hasta el aparcamiento del aeropuerto; mi primera impresión fue que mi individuo se disponía a realizar un viaje de negocios, pero esa idea me abandonó cuando observé el beso apasionado que se intercambió con aquella fulana. Perdone la expresión, pero, sin entrar en detalles, es el único calificativo que se podría aplicar a aquella jovencita.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Se dirigieron muy zalameros al mostrador de Salidas Nacionales para tomar el avión de las 20.30 del trayecto Madrid – Alicante. Este pobre investigador tuvo que soportar una larga espera hasta que por fin consiguió embarcar en el último momento, pues el avión, en principio, estaba al completo. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Desde mi asiento, pude observar las continuas carantoñas que se prodigaban el uno al otro; parecían no haberse visto en largo tiempo, pero por las escasas palabras que pude atrapar de su conversación, realizaban aquellos viajes con bastante frecuencia. Me imaginé entonces que se trataba de un amor ilícito, pues tanto embeleso me extrañaría en una relación convencional.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Una vez en Alicante, los escolté hasta un lujoso hotel en la playa, demasiado ostentoso para mi gusto. Solicité una habitación a regañadientes, después de comprobar que mi objetivo se había encerrado en la habitación 334 con la muchacha y no parecían dispuestos a abandonarla por el momento.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Durante su estancia, que comprendió las noches del viernes, sábado y domingo, comprobé que los tórtolos sólo se ausentaban de su nido de amor para dar tranquilos paseos por la playa; no los calificaría de románticos, dado que mi sujeto era muy frecuente que liara un cigarrillo, supongo que de hachís por los efectos hilarantes que producían en él, y lo fumara solo. Su acompañante, pese a los continuos ruegos de mi sujeto, nunca aceptó ninguno. En esas ocasiones, ella solía responderle con una sonrisa artificial y de compromiso a la que él no solía prestar mucha atención.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;La mañana del domingo, sorprendí a mi sujeto solo en la recepción del hotel, así que me senté con discreción en una esquina y me dediqué a observarlo a placer. Su rostro no revelaba emoción ninguna, parecía completamente relajado y absorto en la lectura, por lo que deduje que mi hombre había preferido no interrumpir el descanso de su compañera. La lectura del libro, sin embargo, debía resultar bastante soporífera, pues su cabeza sufría continuos desvanecimientos sobre las páginas. Aproveché esta debilidad para acercarme y estudiarlo más intensamente. Su rostro, durante la viligia, mantenía las arrugas en continua tensión, pero ahora aprovechaba su descanso para relajar todos sus pliegues y le confería una nueva imagen, menos sometida y más poderosa incluso.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;La entrada de la chica interrumpió mi análisis, y observé con pesadumbre como se escapaba la pareja hacia algún destino que no quise investigar. Sin embargo, no llegaron muy lejos, pues todavía se encontraban en la puerta cuando comenzaron una acalorada discusión. No fue necesario que me levantara de mi asiento, y tampoco eché en falta los micrófonos direccionales y otros sofisticados medios que suelo utilizar en las investigaciones y de los que no pude dotarme debido a la premura con que esta investigación fue encargada: el volumen de la discusión era tan elevado que fue imposible para todos los presentes no escuchar al menos parte de su conversación. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Para mi satisfacción, el detonante de la discusión fue la chica; según sus propias palabras, no podía aguantar más aquella situación ni las continuas prórrogas de divorcio con las que él pretendía aliviarla; quería, dijo, poder proclamar a los cuatro vientos que él era su amante. Creo que a todos los presentes nos quedó bastante claro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;La disputa terminó cuando ella se dio la vuelta y se dirigió de nuevo a la habitación, dejando a su amante como cebo para las miradas de los presentes, algunas curiosas, otras acusatorias, y al menos una de admiración.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Mi sujeto, con gran dignidad y mi aprobación secreta, salió por la puerta del hotel; yo me levanté raudo y logré alcanzarlo a los pocos metros. Le pregunté si tenía fuego, aunque yo no fumo; cuando ambos nos dimos cuenta de la incongruencia de la situación, nos reímos y aproveché para pedirle un cigarrillo de los que le había visto liar. La sorpresa y la duda traspasaron su rostro unos segundos; después me acercó el cigarrillo a la boca y con un gesto impresionante lo encendió.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Pasamos la tarde juntos, fumando y riéndonos. A las pocas horas, él me abrió su corazón y me contó muchas cosas de su vida y su adulterio que no voy a poner sobre el papel; yo no me atreví a hacer lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Al día siguiente, regresaron a Madrid en el vuelo de las 7,50. La chica lo acompañaba en silencio. Enrique me saludó al verme, alegrándose de la coincidencia. Es evidente que mi alegría fue mayor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Se separaron al llegar al aeropuerto. Ella se dio la vuelta un par de veces, contemplando impotente la pérdida de su amante. Enrique caminó de frente, sin volver la vista atrás; supongo que, en esos momentos, ya la había olvidado.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Soy consciente de que mi investigación concluye aquí, que mi seguimiento ha finalizado. Sin embargo, somos amigos, le insto para vernos todos los días, lo persigo por las calles cuando no estamos juntos. Desde hace unos días ha empezado a esquivarme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Pero lo siento, Enrique. No puedo desprenderme de ti.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-7703494779726331235?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/7703494779726331235/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=7703494779726331235' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/7703494779726331235'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/7703494779726331235'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/11/ejercicio-mills.html' title='Ejercicio Millás'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-7237705771597134221</id><published>2008-07-22T00:03:00.000+02:00</published><updated>2008-07-22T00:07:18.310+02:00</updated><title type='text'>La casa de campo</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; Nos encontrábamos en la sala de estar, sentados frente al calor del hogar en unos sillones colocados en ángulo oblicuo. La única luz de la estancia provenía del fuego de la chimenea y de unos candelabros empotrados en la pared que adornaban las esquinas del salón. El rostro de mi amigo estaba tiznado de sombras y una expresión mortecina le nublaba las facciones. El crepitar de las llamas era el único sonido audible en la casa.&lt;br /&gt;- En  verdad es un caso extraño – comentó mi amigo de  pronto, aludiendo con un ademán de su mano hacia la reseña  del periódico, extendido sobre la mesa situada a su  izquierda. Una copa vacía, con algunos restos de vino en su  fondo, se hallaba cerca del diario-. La simplicidad del caso es lo  que lo hace tan extraño. ¿No lo cree usted así?  La resolución del crimen es sencilla para cualquier mente  despierta. Sin embargo, el criminal quedará impune de su  delito por falta de pruebas.&lt;/p&gt; - Si  lo piensa un momento, no es tan insólito. Muchos asesinos han   escapado a la justicia a lo largo de los siglos, generalmente por  falta de datos concretos que prueben su culpabilidad. Es más,  le diré que en muchos casos es probable que se le hayan  imputado a un inocente los actos de otro más sagaz que,  previendo la imposibilidad de que se cierre un caso sin resolver,  haya decidido proporcionar un culpable verosímil a las mentes  policiales. &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;Mi amigo me miró estupefacto ante aquella hipótesis, que sin duda había pasado por alto su estrecha inteligencia.&lt;br /&gt;- ¡No!  No puedo creer eso que insinúa. La policía siempre es  muy minuciosa a la hora de recopilar pruebas contra una persona y  considero que su trabajo es, casi siempre, eficaz. Pero supongo que  estaba usted bromeando. No creo que ponga en tela de juicio la  capacidad del Cuerpo -  sonrió en respuesta a mi supuesta  burla.&lt;/p&gt; - ¡Ah,  querido amigo, qué ingenuo es usted! Pues yo mismo le puedo  contar un caso de esas características aquí, en  nuestra misma ciudad.&lt;br /&gt;-¿Me  está diciendo que circula por nuestras calles un asesino que  ha evadido con éxito las leyes penales? - me preguntó  incrédulo.&lt;br /&gt;- Tan  cierto como que usted y yo estamos sentados aquí ahora mismo  – le aseguré con resolución.&lt;br /&gt;- ¿Y  usted lo conoce? ¿Cómo lo ha averiguado? Y aún  en caso de que todo esto sea cierto, ¿por qué no ha  revelado su  identidad a la policía?&lt;br /&gt;- Mi  querido amigo, ¿cómo podría hacerlo? ¿Qué   pruebas puedo aportar salvo mi absoluta certeza sobre su  culpabilidad? No dispongo de nada tangible que pueda inculparlo.  Sólo mi razonamiento me ha llevado a conocer la verdad, pero  eso, para la policía, no contaría más que una  simple intuición. &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;Nos quedamos en silencio. Yo contemplaba la lumbre, mientras mi amigo cavilaba sobre las posibilidades de la teoría que le acababa de exponer. Advertí la creciente tensión en su interior. Sus manos crispadas se cerraron con fuerza sobre los brazos del sillón.&lt;br /&gt;- Pero,  ¿cómo...? - con aquella simple palabra supe que  abarcaba multitud de preguntas, cada una con su propia respuesta.&lt;br /&gt;- ¿Cómo  lo supe? Hubo muchos indicios que me llevaron a la única  solución posible: una mirada, algunos objetos casuales  encontrados a lo largo de mi pequeña investigación,  mentiras deliberadas que escuché de sus propios  labios...  ¿Cómo logró realizar, con éxito, su  crimen? Creo que ese punto ya quedó sobradamente aclarado:  proporcionando un falso culpable. ¿Cómo lo llevó  a cabo? Bien, ésa es una pregunta que exige un mayor  detenimiento.&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Para empezar, vamos a ubicar en un contexto apropiado al criminal. Esta persona, a quien llamaremos, para un mejor entendimiento, señor Verdugo (aunque éste, desde luego,  no sea su verdadero nombre), ya desde pequeño mostró cierta tendencia a obsesiones, digamos... perversas; su afán de posesividad llegaba al extremo de destruir sus propiedades antes que cederlas a otras personas. Recuerdo, en cierta ocasión, una fiesta con motivo de su cumpleaños. Había muchos niños y muchos regalos, pero uno llamó su atención en particular: una caja de cartón,  con tres agujeros perforados en la tapa, que se movía con un pequeño vaivén en la mesa del comedor. El pequeño Verdugo se dirigió hacia ella, levantó la cubierta y descubrió un pequeño animal  en su interior. Era un roedor, creo que se llama hámster a esa variedad en especial. Lo cogió entre sus manos y se lo acercó al rostro, extasiado de felicidad. De  pronto un amigo  suyo se acercó y se lo arrebató de las  manos. Fue asombroso el cambio producido en un sólo instante en  el pequeño Verdugo; casi enloquecido, derribó de un empujón a su compañero, agarró al animal por la cola y, de un sólo movimiento, lo tiró por la ventana. El hámster, desde luego, no sobrevivió, pero el impacto que causó su propia acción sobre la mente del niño perduró durante mucho tiempo.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Pasaron muchos años y el pequeño Verdugo se convirtió en un adolescente. Pronto su inteligencia despierta destacó entre sus compañeros y consiguió una beca para estudiar en una de las mejores universidades del país. Lejos de su familia y del entorno en el que había crecido, se sintió por fin libre de la carga que había soportado sobre sus espaldas durante tanto tiempo. Dejó aflorar de nuevo sus ideas, sus obsesiones, convencido de que todo era fruto de su mente privilegiada.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Una noche se celebró una fiesta en la residencia de estudiantes donde se alojaba. Abandonando el pequeño santuario en el que había convertido su habitación, se dispuso a disfrutar una agradable velada tomando cerveza junto a algunos de sus compañeros. Cuando sintió por fin que el sueño le vencía, se dirigió a su habitación, descubriendo con sorpresa que había sido asaltada en su ausencia por un alumno de su misma escuela, el cual, probablemente, había confundido el dormitorio con el suyo dominado por un estado de gran embriaguez. El adolescente Verdugo lo tomó por el cuello de la camisa y lo arrastró hacia fuera y a lo largo de todo el pasillo y, por fin, lo arrojó escaleras abajo. Subyugado por el pánico, abandonó esa misma noche la residencia y volvió al hogar de sus padres, donde, a pesar de todas las tentativas por comprender su precipitada huida, no consiguieron adivinar nada.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Por fin llegamos al adulto Verdugo. Cree que el tiempo ha aliviado sus impulsos, aunque en ocasiones todavía resurge la antigua llama de sus delirios cuando su jefe, al que considera de una inteligencia mediocre, se burla de sus sueños tardíos de una segunda etapa de estudios. Tiene una novia, a la que ama con una ciega devoción, lo único que su alma puede abrigar. La chica le corresponde con un cariño apagado, perezoso, pero el corazón de Verdugo no aspira a más.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Posee también algunas amistades, entre ellas la del señor Cándido, un hombre que desprende un gran dinamismo, aficionado a colecciones extravagantes; el único capaz de hacerle olvidar los oscuros y recónditos lugares de su espíritu.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Sin embargo, el día que su amigo Cándido por fin conoce a su novia, un abismo infranqueable se abre de pronto entre ellos. Comprende cuál es el sombrío destino que les aguarda, aunque esta vez su respuesta no ha sido inmediata.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; ¿Qué le pasa, amigo? ¿Le aburre mi discurso? No se alarme y aplace su sueño un poco más, que pronto llegaremos  al final de esta historia.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Continuemos, entonces. El señor Verdugo prepara minuciosamente su plan de venganza. Sabe que tienen que morir los dos, pero le aterra no poder evitar esta vez el castigo por los actos cometidos. Por fin un día, al leer un periódico, una brillante idea asalta su mente enloquecida. ¿Por qué no hacer pasar a uno por el asesino del otro? Una vez planificados todos los detalles, escoge  el día para llevarlo a cabo. Se supone a su amigo de viaje, pero él sabe que está descansando en  el campo. Conoce bien sus movimientos cuando se halla en la finca, pues él mismo los ha estudiado en ocasiones anteriores en que ha sido invitado. Hay un bosque cerca de la casa y el señor Cándido es un amante de la Naturaleza, por lo que, por el día, se sumerge entre los árboles, paseando y descubriendo nuevos brotes, nuevos lugares.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Le dice a su novia que el señor Cándido los ha invitado a disfrutar el fin de semana en su casa de campo. Sabe que al llegar tendrá que actuar con rapidez, pues el paseo de Cándido puede terminar en cualquier momento.  &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Precavidamente, y con la excusa del frío invierno, ha resguardado sus manos en unos guantes de piel. Abre la puerta, llama a su amigo y finge sorprenderse ante su ausencia. Sugiere tomar un poco del vino que ha dejado abierto sobre la mesa. Sin que ella se dé cuenta, incorpora una somnífero insípido en su copa. Por fin, tras unos minutos llenos de agonía, ella se desploma sobre la mesa. La coge con cuidado y la traslada al dormitorio del señor Cándido, donde la amarra con fuerza a la cama utilizando sus mismas sábanas. No son unas correas excesivamente resistentes, pero serán suficientes para una mujer adormecida.  &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Luego espera pacientemente la llegada de su amigo, que se produce tan sólo un par de horas después. Finge una amarga aflicción, que atribuye a una disputa reciente con su novia, de la cual no quiere hablar por el momento. Propone disfrutar de una copa frente a las llamas de la chimenea y prepara otra dosis de somnífero, esta vez mortal. La deposita en la copa de su amigo y se sienta tranquilamente a esperar el acto final.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; ¿Escuchas, amigo mío? Estamos a punto de terminar.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Cuando el señor Cándido cae rendido por el efecto del somnífero, lo traslada a la habitación donde duerme la mujer.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;Por un momento, el techo pareció derrumbarse sobre nosotros. Un golpe seco, producido posiblemente por la caída de algún objeto, había interrumpido mis palabras.&lt;br /&gt;- ¿Qué  ha sido eso? - preguntó mi amigo sorprendido.&lt;br /&gt;- Habrá  sido el viento. No te preocupes por eso. Descansa mientras te cuento  el desenlace de la historia.&lt;br /&gt;- Creo  que prefiero no saberlo – sentenció mi amigo con labios  temblorosos -. No es una noche adecuada para hablar de ciertas cosas  -. Su sonrisa se congeló y sus ojos se entrecerraron.&lt;br /&gt;- Pero  amigo mío, tienes que escuchar cómo termina todo.&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-left: 0.64cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt; &gt;&gt; Una vez en la habitación, el  señor Verdugo deposita una pistola en la mano derecha del señor Cándido y la oprime fuertemente con su mano enguantada; aprieta el gatillo y dispara a la mujer que yace despierta en la cama e intenta zafarse, sin éxito ninguno, de sus ataduras. Como remate final, coloca un recorte sobre la mesita de noche, como posible explicación a tan cruel asesinato, mientras aguarda paciente observando cómo se consume la vida del señor Cándido por efecto de la droga.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;Un lamento agonizante se extendió por la casa de un extremo a otro.  &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;El eco de aquel gemido perseguía nuestros oídos.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;El sueño se apoderaba cruelmente de mi amigo, que hacía inútiles esfuerzos por seguir desvelado.&lt;br /&gt;- Pero...  ¿por qué?&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;Su pregunta me irritó hasta extremos insospechados. Me alcé de un salto y me coloqué frente a él.&lt;br /&gt;- ¿Por  qué? - repetí-. ¿Es que mi relato no ha sido  suficientemente explícito?&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;Exasperado,  descubrí de pronto que mi amigo estaba vencido. Lo aupé sobre mis hombros y me dirigí a la habitación donde esperaba mi novia, ya despierta. Al volver sus ojos hacia mí, advertí su recelo.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;Contemplé el reloj derribado que yacía en el suelo a un lado de la cama. Sus manecillas, inmóviles, no producían sonido alguno.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;Tras realizarlo todo tal como había planeado, me senté en una silla y contemplé a mi amigo mientras escuchaba su cada vez más pesada respiración. En el exterior la oscuridad avanzaba y el silencio sólo era interrumpido por el rumor del aire, que inclinaba los árboles en un extraño guiño de asentimiento. Encendí una pequeña lámpara de queroseno que encontré sobre la mesita de noche e iluminé con ella su pálido rostro, hasta que me cercioré de que su aliento sólo era ya fruto de mi imaginación. Me levanté, cerré la válvula de la lámpara y la llama se extinguió.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;Antes de abandonar la casa dejé, sobre la  mesita de noche, un trozo de papel que había recortado de una carta en la que mi amigo comentaba su arrebato por una nueva pieza de colección:  &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;“Si no es mía, no será de nadie".&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 200%;" align="justify"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-7237705771597134221?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/7237705771597134221/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=7237705771597134221' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/7237705771597134221'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/7237705771597134221'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/07/la-casa-de-campo.html' title='La casa de campo'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-832233023191845731</id><published>2008-05-24T16:13:00.003+02:00</published><updated>2008-05-24T16:13:44.474+02:00</updated><title type='text'>Epílogo</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"&gt;“¿Cuándo vas a terminar ese maldito libro?”, preguntabas. Yo agachaba la cabeza mientras rezaba para que tu mirada no encontrara la respuesta en mi rostro; y esperaba paciente a que terminara la crisis para volver a refugiarme en mi obra. ¡Si lo hubiera sabido, Marta! ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Cómo podía saber que el término de mi novela sería también el tuyo? Aquí te la dejo, Marta, encima de tu sepultura. Que el azar decida su destino. Ya no quiero publicarla.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-832233023191845731?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/832233023191845731/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=832233023191845731' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/832233023191845731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/832233023191845731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/05/eplogo.html' title='Epílogo'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-3518294683175127114</id><published>2008-05-24T16:13:00.001+02:00</published><updated>2008-05-24T16:13:28.306+02:00</updated><title type='text'>El libro en sus manos</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;" align="justify"&gt;“¿Son todos para mí?”, preguntó al ver las paredes totalmente cubiertas libros. “Todos los que puedas llevarte”, respondió alguien detrás de él. Un rápido vistazo a la estancia le descubrió unas cajas vacías en la esquina. Cogió una y la llenó raudo con los libros que encontró más a mano. Cuando estaba a punto de alcanzar la puerta, se le nubló la vista y su respiración se hizo entrecortada. Se despertó preso de una crisis neviosa, sosteniendo con fuerza un libro en sus manos.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-3518294683175127114?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/3518294683175127114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=3518294683175127114' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/3518294683175127114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/3518294683175127114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/05/el-libro-en-sus-manos.html' title='El libro en sus manos'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-8212434238767787571</id><published>2008-05-24T16:12:00.000+02:00</published><updated>2008-05-24T16:20:20.333+02:00</updated><title type='text'>La última oración</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;“Usted nos enterrará a todos”, decía Miriam con una sonrisa. “Ya ha superado la crisis”; los ojos se me cerraban, la morfina estaba haciendo efecto, “ya verá como se encuentra mucho mejor enseguida”. Su voz trémula, ahora tan distante, no me ayudaba a sentirme mejor. Aquella muchacha pretendía engañarme, pero no le iba a negar el consuelo de haberme animado en mi último aliento. “Dile a Marta que la quiero”. Mis palabras expiraron en aquella oración.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-8212434238767787571?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/8212434238767787571/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=8212434238767787571' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8212434238767787571'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8212434238767787571'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/05/la-ltima-oracin.html' title='La última oración'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-4829237281625642615</id><published>2008-05-23T14:41:00.000+02:00</published><updated>2008-05-23T14:47:22.535+02:00</updated><title type='text'>Concurso Cadena Ser (2)</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado. Cogió otro folio y comenzó de nuevo. Lo miró unos segundos, volvió a arrugar la hoja y lo tiró a la papelera. Por fin, comprobó que su dibujo era igual al que había encontrado.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- ¡Papá, ya sé escribir!&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Su padre lo leyó y se derrumbó temblando en el sofá.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- ¿Qué te pasa, papá?&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Nada... Vete a jugar y no le digas nada a mamá.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Cuando Miriam salió de la habitación, volvió a leer la nota que había escondido en su maletín: “Tenemos a su hija. Espere instrucciones y no llame a la policía”.&lt;/p&gt; -----------------------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado Miguel.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- ¡No sabes escribir, tonto!&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Claro que sé- Miguel cogió el papel de las manos de Miriam-. Lo que pasa es que tú no puedes leerlo. Es un código secreto.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Miriam, sin creer una palabra, se dio la vuelta y se tumbó en la cama. Cuando Miguel marchó, examinó la hoja, que estaba plagada de dibujos y signos extraños. Algo perpleja, comenzó a analizarla tratando de descubrir el mensaje oculto. Al cabo de media hora consiguió descifrarlo: “Lo sé todo, Miriam, se acabó el juego”.&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;-------------------------------------------------------------------&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Miriam arrugó en sus manos el garabato ilegible que había dibujado y lo estrelló contra la pared. Su madre lo recogió y lo metió en la papelera.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- No puedes ir tirándolo todo por ahí, Miriam -le recriminó.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Miriam no respondió. Cogió otro folio y trazó unas líneas sobre el papel. Cuando terminó, miró unos segundos la hoja y la rompió con furia en mil pedazos, que quedaron esparcidos por el suelo. Ignoró los reproches de su madre y observó con impotencia la lámina en blanco que, de nuevo, volvía a descansar sobre el escritorio. “Me rindo”, pensó mientras las lágrimas resbalaban por su mejilla: “He olvidado cómo escribir mi nombre”.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-4829237281625642615?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/4829237281625642615/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=4829237281625642615' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/4829237281625642615'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/4829237281625642615'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/05/concurso-cadena-ser-2.html' title='Concurso Cadena Ser (2)'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-3662030414092210344</id><published>2008-05-18T14:42:00.000+02:00</published><updated>2008-05-18T14:45:13.899+02:00</updated><title type='text'>Concurso Cadena Ser</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño?- decía Ana.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;“Buena pregunta”, quise contestar; pero me mordí la lengua y seguí caminando. Observé el horizonte, a lo lejos, donde el sendero de arena roja se perdía en el infinito. Mis pies se movían por inercia, ya había perdido el dominio sobre ellos.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Otro chasquido, un dolor afilado en la espalda, una voz cavernosa que gritaba: “¡Seguid caminando!”; “¿Hacia dónde?”, “¡Adelante, siempre adelante!”. Me apresuré a seguir sus órdenes, sabía lo que ocurriría si osaba desobedecer.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Un sueño... Sí, uno del que no despertaré.&lt;/p&gt;-------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño?- decía Ana.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;El eco de sus palabras se repetía sin descanso. Delante de mí, con la cabeza levantada, Ana esperaba impaciente mi respuesta. Miré sus pies, embutidos en unas medias color canela y unos zapatos carmesí. Su vestido blanco pronto se confundió con la niebla.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Levanté la cabeza. Ahí seguía Ana, esperando.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- ¿Un sueño, Ana? - le dije antes de besarla-. Si lo es, no quiero despertar.&lt;/p&gt; -------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño?- decía Ana.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- No lo sé. Supongo que... si no puedes recordar cómo has llegado hasta aquí...&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- ¿Hasta aquí?- repetía Ana mirándome atentamente, como si en mi cara estuvieran grabadas todas las respuestas.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- ¿Qué hiciste esta mañana?- me decidí a preguntar.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Me levanté, desayuné un café, fui al baño a ducharme...&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Asaltado por una idea, la interrumpí triunfante: “Dicen que en los sueños no sientes dolor”.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Ana me miró boquiabierta.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Bueno, entonces creo que ha llegado el momento.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Tras unos segundos, imagino que para crear efecto, continuó:&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Lo siento, Miguel, pero lo nuestro no funciona.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;El dolor fue tan intenso que me caí de la cama.&lt;/p&gt; ------------------------------------------------&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Entonces, ¿cómo podemos saber que esto no es un sueño?- decía Ana, mientras sus ojos negros se alejaban en la distancia.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Si fuera un sueño, su ignorancia la despertaría – contestó el profesor. Sus compañeros estallaron en carcajadas. Ana se escondió más entre sus libros, haciéndose invisible unos instantes.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Las luces se apagaron, y la oscuridad lo invadió todo. El silencio se impuso sobre todos los sonidos.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;De nuevo la luz, el griterío de estudiantes. Ana detrás de sus libros, sus ojos negros dominando la clase. La misma pregunta, la misma respuesta. La vi desaparecer ante mí, un momento antes de que todo se volviera nada.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Por fin entiendo los ojos de Ana.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-3662030414092210344?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/3662030414092210344/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=3662030414092210344' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/3662030414092210344'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/3662030414092210344'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/05/concurso-cadena-ser.html' title='Concurso Cadena Ser'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-6126849967702870498</id><published>2008-04-16T19:30:00.000+02:00</published><updated>2008-04-16T19:31:01.041+02:00</updated><title type='text'>El engaño</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;- Hermanos, el papiro aristotélico ha desaparecido.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Todos alzaron la cabeza hacia el enorme pedestal donde debía descansar. La vitrina, iluminada por la luz de un candelabro de siete brazos, estaba vacía.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;- Sabemos la hora exacta en la que ha ocurrido este terrible suceso. Os hemos llamado porque sabemos que el culpable es uno de los presentes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Se miraron con recelo unos a otros. Las acusaciones se extendieron por toda la sala, y los inculpados se defendían con nuevas recriminaciones. Las discordias se hicieron insuperables.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;- Hermanos, éste no es el camino.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Pero sus palabras se perdieron entre las protestas y abandonó la sala. Por el pasillo le abordó uno de los congregantes. Al quitarse la máscara descubrió el rostro de una mujer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;- No deben verte aquí – le susurró mirando a su alrededor.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;- No pude evitarlo – le respondió ella. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;El silencio les acompañó durante gran parte de su recorrido. Al terminar el pasaje, ella le asió por el brazo y le murmuró: “Damián...”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;- Ahora no – posó su mano sobre la de ella y durante un instante se sintió reconfortado. Luego, con un movimiento, se apartó y la dejó bajo el arco de entrada, mientras sus ojos le perseguían hasta que cerró la puerta. Con un suspiro de alivio, giró la llave en la cerradura.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Observó la habitación. Sobre la cama revuelta habían volcado el contenido de los cajones del armario. Habían levantado la alfombra, que ahora yacía arrugada en una esquina, y todos los muebles estaban corridos y separados de la pared.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Corrió hacia el sillón, donde habían rajado el cojín y esparcido sus entrañas a su alrededor. Se agachó y le palpó el vientre. Allí, escondido, había una pequeño bolsillo, disimulado por un pliegue del tapiz. Levantó la pestaña e introdujo la mano, hasta que halló lo que estaba buscando.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;En sus manos sostenía un pequeño fancín que le había regalado uno de los miembros. Al pasar las páginas, descubrió oculto un pergamino.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;En ese momento, a sus espaldas, escuchó un tenue chasquido. Apenas le dio tiempo a darse la vuelta. Sintió un estallido en su cabeza y la oscuridad se cernió sobre él.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size: 13pt;font-size:100%;" &gt;Unas manos atraparon el fancín y, sigilosamente, huyeron de la escena. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-6126849967702870498?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/6126849967702870498/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=6126849967702870498' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/6126849967702870498'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/6126849967702870498'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/04/el-engao.html' title='El engaño'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-413691436522723553</id><published>2008-04-16T01:22:00.001+02:00</published><updated>2008-04-16T01:24:16.744+02:00</updated><title type='text'>SKULD</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Observó el tejido de lana. Estaba formado por distintos hilos de distintos colores, unos blancos, otros grises, verdes, azules; unos pocos tenían varios colores. También tenían distinto grosor, algunos había momentos que ocupaban todo el manto, y el resto de hilos se enrollaban alrededor de ellos.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Corta -le decía alguna de sus hermanas. Y Skuld, obediente, cogía unas tijeras y cortaba unos cuantas hebras; lo hacía con los ojos cerrados y sabía que, si algún día los abría, sería incapaz de cortar ninguno.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Skuld preguntaba sin cesar cuál era la utilidad de aquel telar, y sus hermanas le respondían sonriendo enigmáticas: “eres demasiado pequeña para entenderlo”.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Pero Skuld se impacientaba. Por muchos años que pasaran, ella siempre tenía el mismo tamaño, así que decidió comprobar por sí misma el poder de la manta. La cogió en un momento de despiste, la enrolló sobre sus hombros y salió al mundo exterior.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Se mezcló entre la gente, pero nadie la vio. Caminó entre los hombres hasta que, de pronto, el mundo se detuvo. Sorprendida, corrió entre unos y otros, buscando algún movimiento entre las figuras inertes y, sin que se diera cuenta, el manto que la cubría fue desenrollándose poco a poco, dejando una estela de lana detrás de ella.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Pero unos hilos se enredaron en una zarza, desgarrándose con el correr de Skuld y, delante de ella, cayeron al suelo dos hombres. Al intentar socorrerlos, se dio cuenta de que estaban muertos y volvió hacia sus hermanas, comprendiendo cuál había sido su papel durante tantos años.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- No volveré a cortar ningún hilo – les dijo-, seré una valquiria y curaré a los guerreros moribundos antes de que vosotras decidáis su destino.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-413691436522723553?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/413691436522723553/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=413691436522723553' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/413691436522723553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/413691436522723553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/04/skuld-observ-el-tejido-de-lana.html' title='SKULD'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-829798867348500531</id><published>2008-04-15T01:45:00.000+02:00</published><updated>2008-05-23T14:41:35.836+02:00</updated><title type='text'>Ocaso</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;b&gt;- &lt;/b&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;Inimitable&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;. Es realmente admirable.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Ya lo creo – le apoyó su compañero de mesa -. La naturaleza es fascinante,  ¿verdad?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Transcurrido el tiempo que consideró prudencial, el  doctor recomenzó su discurso donde lo  había detenido. Su amigo lo miraba sonriente, con los ojos entrecerrados; su expresión bien podía ser fruto de la concentración o del sueño. Giró la cabeza de forma imperceptible, coontemplando a las dos mujeres que, sentadas en la misma mesa, discutían sobre “cuestiones femeninas”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De pronto, al pie de la terraza se armó un revuelo. Inmediatamente, las dos señoras cesaron su parloteo, y escucharon interesadas las voces que llegaban a tavés del viento: “...un chico...”, “...llamad a un médico...”, “...no sabemos qué le pasa...”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Creo que necesitan un médico – anunció una de las mujeres.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El doctor la miró durante unos segundos, molesto ante la interrupción de su debate.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Estoy de vacaciones – sus labios se curvaron en un esbozo de sonrisa. - No te preocupes... Será por médicos – concluyó; ante la mirada interrogante de los otros, respondió degustando el café &lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;span style=""&gt;vienés&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt; que aún humeaba sobre la mesa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Cuando comenzó a hacer frío, el médico y su mujer volvieron a su casa. Un silencio expectante los recibió en la entrada, y poco a poco fueron acomodándose delante del fuego.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Qué raro que Javier no haya vuelto todavía – dijo la mujer.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Se habrá entretenido con los amigos. Ya lo conoces.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Trataron de conversar sobre temas diversos, pero sus palabras fueron apagándose poco a poco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El teléfono les sobresaltó en mitad de la noche. El médico corrió a contestar. Su mujer, en la cama, cerró los ojos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El marido volvió a los pocos minutos y se quedó de pie, en medio de la habitación. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-829798867348500531?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/829798867348500531/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=829798867348500531' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/829798867348500531'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/829798867348500531'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/04/ocaso.html' title='Ocaso'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-731896635396106610</id><published>2008-04-08T15:07:00.000+02:00</published><updated>2008-04-08T15:08:13.135+02:00</updated><title type='text'>Cachazudo</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;El profesor Cachaza abrió lentamente la puerta y se dirigió hacia el final de la clase. Posó su maletín encima de la mesa y lo abrió. Comenzó a buscar sus libros y apuntes sin prisa, mientras a su alrededor el bullicio se iba sosegando poco a poco. Por fin, con una hoja en la mano, comenzó a escribir en la pizarra, deteniéndose cada pocos minutos para relamerse la tiza que impregnaba sus dedos.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;De vez en cuando, al descubrir murmullo de risas a sus espaldas, se daba la vuelta, miraba a través de sus gafas hacia algún punto indefinido de la pared y se volvía de nuevo hacia sus fórmulas.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Terminó de escribir y dejó la hoja encima de la mesa. Con las manos en los bolsillos, caminó enre las filas de pupitres explicando la lección a media voz.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;De pronto se detuvo y se agachó. Cuando se levantó tenía un papel entre las manos. Lo ojeó unos segundos y, tartamudeando un poco al principio, siguió explicando la lección de espaldas a sus alumnos, mientras escondía el cuello por debajo de la camisa.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Terminó la clase. Los niños salieron en tropel por la puerta.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Mmmh... Vosotros dos, esperad un momento... - murmuró con timidez. - Eh... Esta tarde vais a hacer horas extraescolares.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Es que no puedo.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Cachaza lo miró interrogante.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- ¿Por qué no?&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- Porque tengo otras clases.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Cachaza se miró las manos, todavía con algunos restos de tiza, y por un momento pareció olvidarse de los dos niños. De pronto, su cara se tornó en un mal gesto, y se alzó desafiante desde su asiento, impelido por las palabras garabeatas en el trozo de papel.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;- ¡Pues hoy no vas a ir!&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Los niños lo observaron en silencio, dudando si debían hacer un último intento.  &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;Pero descubrieron, asombrados, que el viejo Cachazudo ausente e indeciso había desaparecido. Ante ellos se alzaba un titán desafiante y de mirada inexorable.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-731896635396106610?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/731896635396106610/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=731896635396106610' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/731896635396106610'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/731896635396106610'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/04/cachazudo.html' title='Cachazudo'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-399744174408492575</id><published>2008-03-26T23:49:00.000+01:00</published><updated>2008-05-23T14:59:55.249+02:00</updated><title type='text'>Los intrusos</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Varias hileras de pupitres se extendían por el aula; Iván caminó hasta el suyo y se sentó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;El griterío fue apagándose poco a poco, y el profesor comenzó a explicar la lección.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Iván, con la mirada perdida, dibujaba pequeños soldados en su hoja de papel, apuntando con sus  armas hacia ninguna parte.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Sin tener conciencia del tiempo, las clases terminaron. Iván se dirigió de vuelta a su casa, a paso rápido. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Algunos niños correteaban en el camino, encaminándose con tranquilidad hacia la escuela. Lo miraban con insistencia, pero Iván mantenía los ojos bajos, intentando pasar desapercibido. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Él nunca jugaba en la calle, ni ninguno de sus amigos. Bajo la mirada de atentos militares, en el patio del colegio, fantaseaban con jugar hasta la noche, delante de sus portales.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Días antes, una compañera había sido agredida mientras se divertía en el patio de su casa. Ya ningún sitio era seguro.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Temor y  rabia luchaban en su interior. Preguntas difusas se  hacinaron hasta reducirse a una: ¿Por qué tanto odio entre albaneses y serbios?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-399744174408492575?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/399744174408492575/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=399744174408492575' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/399744174408492575'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/399744174408492575'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/03/los-intrusos.html' title='Los intrusos'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-7734461469959781048</id><published>2008-03-14T18:12:00.000+01:00</published><updated>2008-03-24T14:56:59.188+01:00</updated><title type='text'>Miguel</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Miguel corrió con todas sus fuerzas. Sintió la sangre golpeándole en los oídos y el aire aspirado le  resultaba insuficiente para saciar sus pulmones. Los gritos resonaban en su cabeza de forma insoportable.&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- ¡Albóndiga!&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;En un momento, completamente rodeado, las piedras llovían desde todos los ángulos. Miguel cayó al suelo, asfixiado, intentando recuperar un poco de resuello; sus propios latidos le impedían oír todos los improperios que proferían a su alrededor.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- ¡Creías que te ibas a escapar!&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- ¡Eres una vergüenza!&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- ¡Fijaos! ¡Las piedras se quedan clavadas en la grasa!&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;El cuerpo, inmóvil, parecía encajar sumisamente la continuidad de golpes y pedradas.  &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Los que veían desde lejos la escena giraban la cabeza y proseguían su  camino en otra dirección.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Aburridos al comprobar la completa inmovilidad de su cuerpo orondo, se alejaron entre risas.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Al día siguiente, en la escuela, el asiento de Miguel estaba vacío.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- Miguel no puede venir hoy a clase. Unos salvajes lo asaltaron por la calle y le han dado una paliza. ¿Alguno de vosotros ha visto algo?&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Durante unos segundos, la clase entera enmudeció.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- ¿Qué ha dicho Miguel?&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- No reconoció a nadie.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;La mirada del profesor escrutó a los alumnos, uno por uno. Vencido, se arrellanó detrás de su mesa, mientras exclamaba:&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- ¡No hay excusa para tanta violencia!&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-7734461469959781048?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/7734461469959781048/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=7734461469959781048' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/7734461469959781048'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/7734461469959781048'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/03/miguel.html' title='Miguel'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-8597237208344911936</id><published>2008-03-14T15:46:00.001+01:00</published><updated>2008-03-14T15:46:20.034+01:00</updated><title type='text'>La eterna excusa</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;La albóndiga  cayó del plato y rebotó sobre el suelo. Todos nos quedamos mirando aquella esfera de carne, que parecía vacilante sobre las resbaladizas baldosas. Por fin, tras varios segundos de expectación, mi madre alargó la mano desde el otro lado de la mesa y la tiró a la basura.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Terminamos la comida. Mi hermano se levantó y salió de la cocina, mientras mi madre y yo recogíamos y metíamos los platos en el lavavajillas.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- ¿Vas a estudiar ahora?&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- Dentro de un rato – contestó mi hermano.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Al terminar, entré en el salón. Mi hermano miraba la televisión tumbado en el sofá. Intenté encontrar un hueco en vano, y me fui a mi habitación.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Mientras escuchaba algo de música, mi hermano abrió la puerta.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- ¿Qué haces? Estoy aburrido.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Luego salió, y al cabo de un rato lo escuché caminar hacia la entrada. Mi madre lo perseguía por toda la casa:&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- Pero, ¿cuándo vas a estudiar?&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- No sé, ahora estoy ocupado.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- ¡Siempre con excusas!&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-8597237208344911936?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/8597237208344911936/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=8597237208344911936' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8597237208344911936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8597237208344911936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/03/la-eterna-excusa.html' title='La eterna excusa'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-6267791502031909129</id><published>2008-03-14T15:43:00.001+01:00</published><updated>2008-03-14T15:43:49.273+01:00</updated><title type='text'>Extranjeros</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;La albóndiga cayó del plato y rebotó sobre el suelo. Tras breves instantes de oscilación, prosiguió su recorrido hasta la mesa vecina. Sentí su impacto contra mi bota.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;Alguien se levantó y se acercó.&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;- Excuse me.&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;"&gt;A lo lejos, el Big Ben anunció la una en punto.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-6267791502031909129?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/6267791502031909129/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=6267791502031909129' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/6267791502031909129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/6267791502031909129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/03/extranjeros.html' title='Extranjeros'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-6065327550260337602</id><published>2008-03-14T15:36:00.000+01:00</published><updated>2008-03-15T13:43:21.528+01:00</updated><title type='text'>Diálogos familiares</title><content type='html'>&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Estoy  agotada. ¿No podrías hacer tú hoy la cena? Sólo  tienes que...&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;- Hoy  hay Champion. Otro día, ¿vale?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Siempre  lo mismo! ¡Cuando no es una cosa es otra!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;- ¡Ya  estamos! ¿No puede uno descansar un poco cuando llega del  trabajo? ¡Sólo quiero ver el fútbol!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿No  has ido a comprar?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- A  mediodía.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Y  las cervezas?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡En  la tienda!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Cómo  te gusta fastidiarme!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Cuántas  veces te he dicho que no pongas los pies ahí!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Calla  ya!, ¡estoy viendo el partido!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Cuándo  va a estar la cena, mamá?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Estará  cuando tenga que estar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Vas  a ponerle un posavasos a eso?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Gooool!...  ¿Decías  algo? ¡Quita, que no me dejas ver!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- La  cena está lista.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Qué  tal en el colegio?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Bien,  mamá.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Habéis  aprendido mucho?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Sí,  mamá.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Así  me gusta. No querréis acabar como vuestro padre.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Y  ahora qué pasa?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¿Tengo  que recoger yo también?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Déjalo;  ya recojo mañana.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Es  igual, ya lo hago yo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Mamá!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Mira  que eres chivato!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="color: rgb(0, 0, 0);"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- ¡Ya  estáis otra vez! ¡Por qué tenéis que  estar siempre peleando!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-6065327550260337602?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/6065327550260337602/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=6065327550260337602' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/6065327550260337602'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/6065327550260337602'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/03/dilogos-familiares.html' title='Diálogos familiares'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-8565055889623596821</id><published>2008-03-09T12:29:00.000+01:00</published><updated>2008-03-09T12:34:46.246+01:00</updated><title type='text'>Tiempo muerto</title><content type='html'>&lt;p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; text-align: left;" lang="es-ES"&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lucía llegó a casa. Dejó las bolsas de la compra en la puerta y se fue desnudando mientras caminaba hacia su habitación, dejando caer la ropa en el suelo. Se miró en el espejo durante un rato y, mientras alisaba las pequeñas arrugas de su rostro, intentaba recordar su cara de diez años atrás, sin lograrlo. Frunció el ceño y no le gustó su aspecto, se dio la vuelta y se quedó quieta contemplando su habitación. Al cabo de un rato, fue a la ventana y observó el suelo liso y duro 5 pisos más abajo, atestado de gente. Corrió las cortinas, se tumbó en la cama y cerró los ojos. Después de un largo rato, oyó cómo sonaba su móvil en el bolso, a la entrada de su casa, pero no se movió. Cuando enmudeció, se dio la vuelta en la cama y encogió las piernas. Pasó más tiempo y el móvil volvió a sonar; esperó otra vez al silencio y entonces se levantó y apagó el móvil, sin mirar las llamadas. Fue hasta la bañera, abrió el grifo y terminó de desnudarse de espaldas al espejo. Cuando la bañera terminó de llenarse, cogió el jabón y las sales del estante y las echó todas al agua. Luego se sentó al borde de la bañera y comenzó a hacer pequeñas olas en la superficie del agua, hasta que se llenó de espuma; entonces se levantó, metió las piernas en el agua y lentamente se tumbó. El tiempo pasó sin detenerse en ella y su piel comenzó a arrugarse. Mientras, una puerta se abrió en el piso de arriba y unos tacones comenzaron a caminar por el techo. Lucía se sumergió un poco más en el agua. La espuma le entraba por los oídos, le acariciaba la boca, le hacía cosquillas en la nariz, le escocía en los ojos. Se sumergió un poco más, hasta que la espuma cubrió su pelo y ya no se vio nada de ella. Los minutos transcurrían mientras las burbujas jugaban en la superficie... &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="text-indent: 1.25cm; margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; text-align: left;" lang="es-ES"&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;De pronto el agua estalló y se derramó, su cabeza partió la espuma e hizo volar libremente las pompas,  mientras su boca se deleitaba con el fluir del aire.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt; &lt;/div&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; text-align: left;" lang="es-ES"&gt; &lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al lado de la bañera, de pie, con los brazos cruzados, se encontraba su marido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; text-align: left;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- No has ido a recoger a los niños  – le recriminó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; text-align: left;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Lucía descubrió sus ojos, coléricos y llenos de reproche.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; text-align: left;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;- Lo siento – dijo a media voz.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="margin-bottom: 0cm; line-height: 150%; text-align: left;" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="color:#000000;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Su marido observó el agua derramada. Sin volver a mirar a Lucía salió de la habitación dando un portazo mientras gritaba “¡Para lo único que tienes que hacer en todo el día…!”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-8565055889623596821?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/8565055889623596821/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=8565055889623596821' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8565055889623596821'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8565055889623596821'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/03/tiempo-muerto.html' title='Tiempo muerto'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-5583966972186451859</id><published>2008-03-06T08:45:00.000+01:00</published><updated>2008-03-05T23:44:12.888+01:00</updated><title type='text'>Ikea</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;no entiendo qué hacen tus cosas en la entrada dime&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;por qué esta casa desnuda si en Ikea te la visten&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;por completo en un instante sin gastar apenas nada&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;no entiendo el motivo de tus quejas qué importa&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;ahogarnos juntos en la noche o escondernos por el día&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;en los reproches de todas las facturas impagadas&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;dime qué más da de quién sea el espejo del recibidor&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;el sofá del salón si al fin entiendo por qué huiste&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;de este infierno nuestro Ikea laberinto de quimeras&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-5583966972186451859?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/5583966972186451859/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=5583966972186451859' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/5583966972186451859'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/5583966972186451859'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/03/ikea.html' title='Ikea'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-1875082678566032938</id><published>2008-03-05T23:52:00.000+01:00</published><updated>2008-03-05T23:53:06.042+01:00</updated><title type='text'>El autor censurado</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;Todo el mundo comentaba sus obras. Las críticas le abordaban por todas partes. Sin embargo, nadie le reconocía.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;Tarde o temprano, su rostro saldría en las noticias y miles de voces gritarían su nombre.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;Por ahora, a salvo de la multitud, vagaba por las calles en busca de la que, quizás, sería su última víctima.&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-1875082678566032938?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/1875082678566032938/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=1875082678566032938' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/1875082678566032938'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/1875082678566032938'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/03/el-autor-censurado.html' title='El autor censurado'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-7075129724830242395.post-8362585306621194242</id><published>2008-03-05T23:40:00.000+01:00</published><updated>2008-03-05T23:42:49.967+01:00</updated><title type='text'>Aquellos maravillosos años</title><content type='html'>&lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Por las noches sentía pasar las horas sin poder dormir. Era ya tarde cuando veía encenderse la luz &lt;span style="font-style: normal;"&gt;al otro lado del pasillo&lt;/span&gt;; mi padre se levantaba, iba al baño y salía completamente vestido. “¿Adónde vas, papá?”, “A trabajar; y vuelve a la cama, que es muy tarde”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;Al llegar la mañana, dejaba sonar el despertador hasta que venía mi madre y lo apagaba. “Levanta, que vas a llegar tarde al colegio”. Me dejaba arrastrar hasta la ducha y luego bajaba a desayunar.  Después me llevaba en coche a la escuela; quería contarle muchas cosas, pero nunca decíamos nada. “Pásalo bien”; “sí”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;" align="left"&gt;&lt;span style="font-size:100%;color:#000000;"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;Cuando volvía&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;color:#000000;"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;&lt;i&gt; &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;color:#000000;"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt;&lt;span style="font-style: normal;"&gt;de clase&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:100%;color:#000000;"&gt;&lt;span lang="es-ES"&gt; me quedaba en la cocina, mirando los libros. Mi madre corría de un lado para otro recogiendo cosas. Más tarde, venía a preguntarme la lección; a veces le decía la del día anterior, pero ella no se enteraba. Cenábamos juntas. Yo la miraba, ella me sonreía. Después me llevaba a la cama. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;" align="left" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;" align="left" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="font-size:100%;color:#000000;"&gt;Más tarde llegaba mi padre. Se acercaba a mi habitación y yo cerraba los ojos. “Si está dormida no la despiertes”. Mi padre se volvía en silencio. Luego se daban las buenas noches y mi madre se iba a la habitación de al lado. &lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;" align="left" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="font-size:100%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt; &lt;/p&gt; &lt;p style="margin-bottom: 0cm; font-family: verdana;" align="left" lang="es-ES"&gt;&lt;span style="font-size:100%;color:#000000;"&gt;Mi padre se alejaba por el pasillo y cerraba la puerta del salón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/7075129724830242395-8362585306621194242?l=isla-eea.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://isla-eea.blogspot.com/feeds/8362585306621194242/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=7075129724830242395&amp;postID=8362585306621194242' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8362585306621194242'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/7075129724830242395/posts/default/8362585306621194242'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://isla-eea.blogspot.com/2008/03/aquellos-maravillosos-aos.html' title='Aquellos maravillosos años'/><author><name>Circe83</name><uri>http://www.blogger.com/profile/14270025665339845633</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry></feed>
